Tres horas y media con Frank Zappa

Jorgue Muñoz
Ozono nº 43, abril de 1979, pp. 53-55

Apenas hacía dos meses se había editado el último álbum de FRANK ZAPPA, "Studio Tan"; ni tan siquiera había salido aún el número de OZONO de marzo cuando un nuevo álbum salía al mercado en todo el mundo, "Sleep dirt", menos en el nuestro. Era la última entrega que hacía la Warner de un producto ZAPPA; por esas fechas el genio de Cucamonga ficha con la poderosa CBS y, como entrega inmediata, un doble álbum vería la luz, coincidiendo con la gira europea que estaba haciendo. "Sheik yer bouti" se publicaba en nuestro mercado con una velocidad extraordinaria; ha sido el único disco de FZ que ha sido publicado casi al mismo tiempo que en el resto del mundo. La portada no podía ser más definitoria: disfrazado de árabe; Frank Zappa, de auténtico "Moro Punk".

El caso es que cuando Frank Zappa se presentó en Madrid con su flamante banda aún no había tenido ocasión de escuchar sus dos últimos álbumes. A las siete en punto de la tarde (de un 14 de marzo que difícilmente olvidaré) estaba en las puertas del Pabellón. Había mucha, muchísima gente por allí; las fuerzas represivas, también, a caballo y con cascos, no te dejaban quedarte parado; continuamente se te iban encima para, recordarte lo de circulen, circulen. En las taquillas aún se despachaban entradas para la tarde, y el "no .hay localidades para la noche" estaba puesto desde hacía un par de días. Las colas de entrada con la de taquilla se confundían; muchos hasta se pusieron en la segunda con la entrada en la mano. Tuve suerte y cuando entré aún había sitio para escoger. Me quedé atrás del todo, en la primera fila de las gradas, enfrente del escenario y justo encima de la mesa de los técnicos. No quería perderme detalle y ése, sin duda, iba a ser un lugar privilegiado. Todavía los técnioos de escenario estaban probando el equipo. Es normal, me dije, si la noche anterior habían tocado en Barcelona; estarían muy justos de tiempo. A las siete y veinte se apagaron las luces, el luminotécnico comenzó a dar órdenes y una tenue luz apareció sobre el escenario. El Pabellón aún estaba medio vacío cuando los primeros acordes, sin definir, comenzaron a sonar: parecía como si de los afinamientos de la orquesta se tratara. Luego un ligero ritmo, pero suave, comenzó a tomar cuerpo, un foco se dirigió hacia un extremo del escenario y por allí apareció la espigada figura de FRANK ZAPPA!!! Los aplausos recibieron su presencia y comenzó a tocar la guitarra. Era uno de esos típicos temas donde FZ se hace un largo solo, muy reposado, muy tranquilo, simplemente para crear clima y coger un buen sonido; poco a poco se fue iluminando todo el escenario y se pudo ver a los ocho músicos que le acompañaban. Dejó la guitarra —la banda seguía tocando— e hizo una presentación rápida, tan rápida que apenas nos enteramos de los nombres del grupo: Denny, guitarra; Ike, guitarra; Tommy, teclados; Ed, percusión; Vince, batería; Peter, teclados; no sé quién, bajo, y Adrián Belew (creo), guitarra...

FZ se puso de espaldas al público, alzó los brazos en señal de dirigir y de pronto el ritmo cambió y todo comenzó.

Siempre había admirado, de lo mucho que admiro en FZ y su música, la forma en que hacía los discos; siempre lo consideré como un experto en collages musicales, esa forma tan característica de meter en cinco o seis minutos diez o más partes musicales completamente distintas, sin ninguna relación aparente entre ellas pero con una conexión y armonía fuera de lo común. "Freak out" está lleno de esos momentos, quizás el más célebre sea "It can't happen here", es como una sinfonía de diez o más movimientos en tan sólo cuatro minutos; pero eso es normal en los primeros discos de Mothers of Invention. "Brown shoes, don't make it", del "Absolutely free", es otra pieza característica, con uno de los mejores "riffs" del rock and roll; un desmadre de sonidos urbanos e histeria colectiva llena del más sarcástico sentido del humor. Son algo más de siete minutos donde ocurre de todo y que se pueden escenificar como si de una compleja obra teatral se tratara —pero dudo que alguien que no fuera FZ tuviese el atrevimiento de representarla sin volverse totalmente loco—. Pues nada menos que "Brown shoes... " fue la segunda o tercera interpretación del concierto de Zappa, sonando algo diferente, consecuencia de la lógica evolución desde 1966 en que fue compuesta; los ocho músicos, dirigidos de forma admirable por FZ, parecían una sinfónica de ochenta elementos, y pese a la dificultad que representa interpretar esa pieza (se pueden contar más de veinte partes diferentes), la hicieron impecablemente. A partir de ahí, cualquier cosa que pudiera ocurrir me lo podía creer. Zappa, se movía con una rigidez espasmódica; parecía que hacía sin pensarlo; era una movilidad estática —si es que se puede emplear el término—, se sentaba descaradamente en un taburete cuando no tocaba la guitarra, e incluso cuando cantaba, se dirigía al público y se movía por el escenario coma un ¿crooner lisiado? Eso, en parte, es la escenificación que se monta; lo que ocurre es que unas veces se mueve más que otras; es indudable que la diferencia de idioma en un hombre como él se nota más que con un Rory G,allagher. Eso parecía que también lo notaba él. Esperemos que la próxima vez los organizadores, o el propio Zappa, den un programa con los textos en bilingüe. No obstante, se puede tomar como una de su cínico-sarcástico-satírica puesta en escena. Es como ver en movimiento a cualquiera de los alucinados personajes de Don Martin, el dibujante de "Mad" (la revista americana que es el equivalente en comic a la música del Zappa). Terminó "Brown shoes..." pera la música no paró; a una indicación del "director" cambiaron de ritmo y camenzaron a hacer incursiones en "Apostrophe". Hasta ahora estaba viendo al Zappa que quería ver. El suele, o solía, hacer conciertos distintos, según fuese para el público europeo o el americano. En ambos suele existir la misma diferencia que entre los primeros discos de MOl y un "Hot rats", por ejemplo. Pero ese día, Zappa estaba haciendo de todo. Los temas se sucedían sin interrupción, no daba tregua. "Cosmik debris" se iba entremezclando con pasajes de otras canciones de ese álbum; canciones del "Sheik yerbouti", como "Tryin' to grow a chin", cantada por Denney Walley (con un parecido extraordinario con Mark Volman, tanto en físico como en voz), parecía una parodia de Roger Daltrey; "City of tiny lites", "Dancin' fool", otras canciones que me resultaban entrañablemente familiares (ése es uno de los trucos del amigo Zappa), pera que no fui capaz de reconocer, el "Andy" del "One size fits all", mezclado con "Inca roads" y "Honey don't 'you want a man like me?", del doble "In N. Y.", etc.

Ike Willis, el negro del grupo, compartía la parte estelar con FZ, bueno, FZ no iba de estrella; dejaba que tanto Ike como Den fueran protagonistas muchas veces en el show; tanto uno como otro se cantaron bastantes partes y hasta se destaparon con las guitarras, hacienqo solos endiablados; el otro guitarra tampoco era manco cuando le tocaba el turno, y el resto de los músicos estaban a la altura; el percusionista era la oportunidad personificada metiendo efectos sonoros; el batería era una máquina y los teclistas arropaban todo el conjunto, dándole a la música, la dimensión de sinfonía; el bajo siempre a la par con el batero. Así transcurrió una hora, sin descanso, sin parar la música ni un solo segundo, cuando FZ de nuevo dio los nombres casi de carrerilla de los músicos y se despidió. El Pabellón se había llenado en el transcurso del concierto, y los gritos de "¡más, más!" sacaron al escenario de nuevo a FZ y su sinfónica. Zappa se puso frente a los músicos y se hicieron un "Peaches en regalía" impresionante de sonido y rellenos musicales. Lo que en "Hot rats" parecía el tema de una película se convirtió en algo que no se puede explicar por la calidad interpretativa y la orgía de sonidos que derrocharon.

Se volvieron a retirar y el público pidió más, naturalmente que pedimos más, salieron de nuevo y atacaron con "Montana", y como Zappa veía que le íbamos a pedir más, dijo, mientras los músicos seguíán tocando, que harían una más y se irían a descansar —a las diez y media debían estar de nuevo tocando—; hicieron "Dirty love" y el primer "show" acabó.

La gente salía contenta. Fuera estaba lloviendo y ya había cantidad de gente haciendo cola para la siguiente sesión. Las fuerzas represoras aún estaban allí; parecían más nerviosas de lo habitual; a lo peor no les gustan los peludos, o acaso no les gusta Frank Zappa... Poco antes de las diez comenzaron a dejar pasar a la gente, pero el paso era lento, reprimido, de uno en uno y con la entrada en la mano. Logré entrar pronto para una supuesta rueda con Zappa. Estaba cansado, muy cansado; tenía la cara ligeramente demacrada; ya en la actuación anterior había dado síntomas de no encontrarse en forma física; tenía gripe y hasta es posible que tuviese algo de fiebre. Se recostó en la pared mientras le preguntábamos. Tal vez conscientes del cansancio y del poco tiempo que había, eran casi las diez y cuarto, apenas hubo preguntas.

¡Ja!, aún recuerdo cuando cayó en mis manos la enciclopedia del rock de un tal Jordi Fabra i Serra; lo primero que hice fue abrir por las páginas dedicadas a los MOI; ernpezaban más o menos así: "Ese genio que apenas levanta metro y medio del suelo..." Lo cerré de golpe. Nunca había visto a FZ en persona, pero cuando ese librejo se editó, yo ya había oído bastantes discos de los Mothers y había visto suficientes fotos como para ver que FZ era un hombre espigado, muy delgado y, por supuesto, muy por encima de ese metro y medio que decía la enciclopedia. De todas formas empezar así un capítulo, fijándose en la apariencia física de un personaje, sólo sirve para narrar una novela donde los protagonistas son seres imaginarios; cuando a los protagonistas se les conoce, aunque sea por medio de fotos, la verdad es que hay que ser muy estúpido para no darse cuenta de la altura de alguien. El caso es que, cuando tenía frente a mí a Zappa, me vino a la memoria ese flash y el tío me sacaba casi la cabeza, y os aseguro que mido más de 1,50. Sentí las circunstancias de esa rueda de prensa en la que sólo estábamos cuatro, mejor, tres gatos y un pelagatos. Durante casi un mes que tuve de tiempo cuando me enteré de la actuación estuve deseando tener de frente a Zappa para acribillarle a preguntas, pero cuando lo tuve ahí se me quedó la mente en blanco; parecía un pasmarote, y cuando hacía alguna pregunta me salía tan deprisa y atropellada que apenas se enteraban los que estaban allí. Como fueron no más de siete preguntas, y por la rapidez y las prisas no fueron más lúcidas que digamos, no merece casi la pena transcribirlas. Al final me limité a pedirle un autógrafo, ¿por qué no? A las diez y cuarto, poco más, nos fuimos a tomar posiciones; tal y como se habían desarrollado las cosas en el primer "show", y dado que se llenaría en el segundo, opté por permanecer en el mismo lugar donde presencié el primero. Eran las diez y media y a la gente se la veía entrar con cuentagotas, y eso que en las puertas había más de la mitad del aforo esperando cuando las abrieron. Me joden muchas cosas; me jode que se intente ordenar algo que no necesita del orden; me jode que la gente sea bruta; me jode que las fuerzas represivas estén en un sitio donde no hacen falta y estén instigando y provocando con su maldita presencia, impidiendo a la gente entrar a un recinto a la hora que debe entrar, como si a ellos les jodiera estar allí y aborregando a un personal que lo único que quiere es ver a Frank Zappa sin ningún tipo de complicación. Y sin embargo, cuando deben estar, en un campo de fútbol; pongo por caso, donde hay hostias la mayor parte de las veces y agresiones a los protagonistas, ni siquiera se inmutan; en cambio, cuando se trata de "vigilar" a peludos, siempre quieren implantar su orden, no dejándoles ni respirar, y a la menor comienzan a cargar contra ellos, contra nosotros...

A las once menos cuarto, las luces del Pabellón, y con la mitad de la gente dentro, se apagaron y comenzó el segundo "show". Los temas se iban sucediendo como en la primera parte, el mismo orden; poco a poco, lentamente, se iban llenando los huecos de público. Frank Zappa y sus músicos no daban respioro; continuos cambios de ritmo, en los que es un maestro; música de todo tipo, melodías de los 40, los 50, de todas las épocas, iban sucediéndose, casi igual que en el anterior "show", con los ritmos más complicados que te puedas imaginar, detalles que adornaban la música que inundaba el pabellón, música primitiva, música concreta, marcha de rock a toda pastilla, baladas nostálgicas. Todo casi idéntico a como lo había hecho hacía apenas dos horas; sin embargo, ahora se alargaban más algunas canciones, los improvisados —pero no tanto— solos; alargaron "Andy/Inca roads" a algo más de veinte minutos; cada guitarra se hizo un solo, era una impresionante muestra de la capacidad de los músicos que estaban en el escenario; los teclistas se iniciaron en un diálogo que dio pie a uno de los momentos más inspirados de la noche; uno de ellos, no recuerdo si Tommy o Peter, se quedó solo mientras el resto iban entretejiendo la base; los sonidos que llenaban el recinto salían de los teclados que tenia a su alrededor como una tempestad de notas y armonías, un breve forcejeo con el batería y vuelta, con todos los músicos a tope, a "Andy".

El resto fue sucediéndose igual que antes, los mismos temas, pero cuando iniciaron "Peaches en regalía" aún no habían terminado el "show" y pasaban ya casi dos horas desde que empezó. Con "Peaches..." se despidieron y, lógicamente, el público que llenaba totalmente el Pabellón pidió más. Hicieron algo que se parecía a "Stink foot", pero que no estoy seguro de lo que era; volvió a ocurrir lo de antes, se retiraron y de nuevo tuvieron que salir. "Dirty lave" y una más para que no se la pidiéramos. Fue una última canción donde FZ se explayó, como a lo largo de la noche, con su guitarra, dando una lección de wha-wha y de tocar su instrumento. Todo el concierto, los dos, fueron una muestra de lo que es saber tocar, de ser músicos en toda la regla, de hacer, simplemente, "música". ¡O no tan simplemente!

Cerca de la una todo había terminado; fuera ya no llovía, todavía había gente esperando reencontrarse con alguien conocido, ya no había fuerzas del orden, pero no se habían ido sin hacer una carga contra los que esperaban para entrar durante el segundo concierto; hubo, según se contaba, hasta navajazos en alguna pelea; alguien tenía un ojo más que morado de una bala de goma y hasta es posible que perdiera la vista... Una vez más, un artista conflictivo había tocado en Madrid, pero conflictivo, ¿para quién? Y las fuerzas represivas habían actuado, todo por mantener ese orden absurdo de entrar de uno en uno, lo que sin duda debió poner nerviosos a muchos que no querían perderse detalle de ese genio de la música que mide algo más de un metro ochenta...

Hay quien le llama carroza, hay quien dice que somos unos snobs, hay a quien nole gustó de nunca... Me pregunto: ¿cómo se puede ir a ver a alguien que no gusta si no es por puro snobismo? ¿Cómo se puede llamar "carroza" a un músico como Zappa —que siempre ha estado a la vanguardia de la música— y a sus seguidores y luego, en cambio, se van a ver a Elton John y disfrutan como enanos?... A aquellos que de nunca os fue la música de FZ y fuisteis, por curiosidad, a verle, la próxima vestiros de punkies y poneros una flor en el pelo, una insignia en la camisa, y un collar o dos al cuello.

Jorge MUÑOZ

Gracias a Javier Marcote por el artículo

donlope@ono.com
2014-09-01