Frank Zappa, la «madre del invento»:
«Mi música no es pornográfica»

Por Carlos Bosch
Fotos: Marull
Interviu nº 147, 8-14 de marzo, 1979, pp. 62-63

Frank Zappa , uno de los pocos mitos indiscutibles del blues y del rock, el padre del legendario grupo «Mothers of Invention», estará actuando en Barcelona y Madrid este mismo fin de semana. El hombre cuyo retrato, desnudo y sentado sobre una taza sanitaria, fue todo un símbolo para los hippies californianos y para la extrema izquierda europea, ha sido entrevistado en París en exclusiva para INTERVIU la víspera de sus conciertos en España.


Apalancado en su habitación de L'Hotel, abrazado a su guitarra y a su compañera, esperando la noche para dar el primero de sus tres recitales en París, Frank Zappa ni siquiera se esfuerza en hacer ver que pasa de la entrevista que se supone le estoy haciendo. Pasa de todo abrazado a su guitarra, pasa hasta de decirme qué pasa. ¿Cómo se dirá en americano pasar de todo? Los americanos, madres de casi todos los inventos, deberían inventar esa expresión en su idioma. Frank Zappa lo agradecería, porque no sólo pasa de pasar de todo sino que además, es la madre del invento.

Ese tipo feo con una nariz que lleva 37 años creciendo es la «madre del invento» desde que dejó el Baltimore natal para darle a la guitarra como los dioses. «Huele mal y hace una música que parece un zoo entero siendo pasto de las llamas», decían de él los críticos americanos hasta que un día la revista Life le fotografió en su portada rodeado de recién nacidos.

—Las cosas como son, ahora huelo mejor que antes. Y respecto a la música, sólo una cosa ha seguido constante en cada una de mis obras: la estupidez.

Y el sentido crítico, y el humor negro, y la convicción de la estupidez total del entorno. «Los textos de mis canciones dice Zappa, no obstante— son para aquellos que no pueden entender mi música». Su música no es pop, no es beat«eso es para los boyscouts», dicen que dijo—, tampoco es jazz«el jazz es demasiado ético, además no está bien que mis músicos se pongan a improvisar ante ocho mil personas que han pagado su entrada»—. Su música es otro invento.

—¿Que si me extrañó la buena acogida que me dispensó el público de Barcelona en mi actuación del 74? ¿Por qué iba a extrañarme? Mi música es maravillosa, forzosamente debía gustar.

UN GRUPO MITICO

Los «Mothers of Invention», grupo que creó Zappa a finales de 1964 con una serie de desconocidos californianos que le daban al rock y al blues, pasaron pronto a ser considerados como una formación única, aventajada, genial, innovadora. «Yo no soy una estrella pop, soy sólo una leyenda viviente de la que quedará únicamente el residuo». Al lado de este compositor y músico, en efecto legendario, han ido turnándose algunos de los mejores instrumentistas de jazz, de rock, y de blues. Ahora viene a España con una nueva banda, compuesta por nueve personas, y con un equipo de hasta doce técnicos. «Yo debo ocuparme de todo, sé muy bien lo que ocurriría si no fuese así. Ya no es como a principios de los sesenta, cuando tocábamos en una oscura discoteca mientras las parejas se metían mano». Ahora, una veintena de discos de larga duración, la película «200 Motels» y la opinión de la crítica mundial especializada le avalan como uno de los cinco grandes mitos de la música actual. Ahora, la Metro Goldwin Mayer ya no le pondría pegas como en el 64:

—Cuando se fijaron en nosotros nos lamábamos «Las Madres», pero la M.G.M. pensó que eso sonarióa muy obsceno a los aídos de los disc-jockeys que debían programar nuestra música. Sonaba a «Mother Fucker», nos dijeron. Nos propusieron ser las Madres del Exilio pero preferimos serlo del Invento. Las cosas empezaron a funcionar bien y los críticos dejaron de decir que hacíamos ruido para empezar a reconocer nuestros méritos. Se acabó lo de escribir que nuestra música era pornográfica.

Esa es una leyenda que ha perseguido a Zappa desde que, cuando tenía 24 años, fue encarcelado por haber grabado una cinta en la que «Lorena y yo plasmábamos nuestras evoluciones de alcoba, encima del piano, de pie y de cuantas formas salieron de nuestros cuerpos y mentes». De Zappa se ha dicho que las fiestas que organizaba con las groupies —mitómanas empeñadas en «comerse» el máximo de estrellas de la música pop—, en cualquier hotel de cualquier ciudad, no tenían desperdicio.

FZ & Carlos Bosch
Frank Zappa, en su habitación de L'Hotel, en París, conversando con Carlos Bosch, autor de esta entrevista.

Eso es un invento de la prensa. Para mí las groupies no son más que horteras con las uñas pintadas de verde metalizado.

LAS MADRES DE ZAPPA

«De la noche a la mañana se empezó a valorar la música. ¡Si hasta el London Times me pidió que posara junto a Claudia Cardinale para una fotografía! —cuenta Zappa en sus memorias de los primeros años—. Sé que querríais que os explicara alguna aventurilla pos-fotografía, pero no hay que comprometer el buen nombre de una dama italiana».

«Hace el rock más interesante desde los Beatles», dijeron de Zappa los críticos ingleses cuando los Mothers of Invention empezaron a ser admirados en Europa. «Hay que reconocer que los británicos siempre han sido subjetivos y partidistas y esta comparación con los chicos de Liverpool no nos convenció excesivamente», escribió en cierta ocasión Frank Zappa en plena vena irónica, sin duda la mejor de todas sus venas.

Bueno, yo suelo hablar en serio y en broma a la vez. ¿Qué importa lo que entiendan los demás? El resultado es el mismo.

—¿Sigue pensando que Stravynski fue la primera madre del invento?

—Es un gran músico del que escucho mucha música.

—Y Stockhausen...

—Es un compositor que tiene cosas que me gustan y otras que no me interesan.

—Bob Dylan...

—Un muchacho que suele grabar para Columbia Records.

—¿Y Dalí? A usted siempre le ha fascinado el erotismo de sus cuadros...

—Sí, tanto que hace un año, cuando coincidimos en un hotel de Nueva York, le regalé un despertador de plástico.

—Lenny Bruce (el Lenny» de la película, el artista-humorista a quien Zappa llegó a producir en alguna ocasión) es la persona con la que usted se siente más identificado, ¿no es así?

—Lenny es la única persona que, si hubiese sido militar no me habría llamado a filas.

TODO MENOS EL SILENCIO

Dicen que Zappa que fue hippie antes que los hippies —«no, yo nunca fui hippie»—, que es una buena persona aunque eso le importe poco, que lo único que le importa es el «freak out» a todas horas. Que va de ácrata por la vida...

—¿Pura anarquía? Bueno, eso será ideal el día que la gente esté preparada, pero para ello faltan cientos de años.

La extrema izquierda, a finales de los sesenta y, en Berlín, pretendió capitalizar la imagen de Frank Zappa y ya en un poster, sentado en un W.C., con este pie: «Mothers of the Revolution». Zappa, en cierto modo, les dio la espalda. «No creo en la sociedad deba cambiarse saliendo a la calle con una pancarta en la mano, hay que ser mucho más sutil, hay que utilizar, por ejemplo, los medios de comunicación de masas».

—Ahora diez años después ¿el tiempo le ha dado la razón?

—No, la lógica me la está dando. De todas formas, yo no voy de revolucionario.

Y cuando toda California estaba en plan Flower Power, a base de hacer el amor a todas horas, a ser posible alucinando y pasando del Vietnam, va el Zappa y graba esta canción: «Eh, chorra ¿dónde vas con esa flor en la mano? Pues voy a FRISCO a unirme a una banda psicodélica. Eh, chorra ¿dónde vas con ese adorno en la camisa, dónde vas con ese pelo en tu coco, dónde vas con ese adorno en tu cuello? Voy al psiquiatra a ver si me cura los nervios... En aquel momento, la dosis de STP que tomó el Chorra Florido hizo su efecto».

—Todo fue una estupidez organizada o al menos controlada por el gobierno.

—Y el amor, sin duda otra de las banderas californianas de los sesenta...

—Pues, otra estupidez mientras existan leyes escritas por los políticos para reprimir a los jóvenes y así poder satisfacer su propia frustración.

—¿Y el L.S.D.?

—Hacer de él la filosófia de la vida, venerarlo... ésa es otra gran estupidez.

—¿Qué existe, pues, que no sea estúpido?

—Todo es estúpido, aunque existen diferentes grados de estupidez. Este cenicero (va y lo coge) es más estúpido que este bolígrafo (¡el mío¡), pero ambas cosas son ciertamente estúpidas.

—¿Qué es lo menos estúpido?

—El silencio.

 

Gracias a Javier Marcote por el artículo

donlope@ono.com
2015-08-15