1984: King Sunny Adé Juju Music (1982) 


Mientras el mundo se volvía loco alrededor con alguna de la música más horrible que se ha hecho nunca (y vendrían tiempos peores), yo seguía enfrascado en completar la colección de discos de David Bowie y Bob Dylan, además de recuperar alguna joya perdida como el Plastic Ono Band de John Lennon. Y de pronto, descubrí la música africana. No sé muy bien cómo fue, pero seguramente la culpa la tuvo Malcolm McLaren y sus "Buffalo Girls", que nos descubrió a muchos las maravillas de la música de Soweto.

En cualquier caso, de un modo u otro, me hice con este increíble disco del nigeriano King Sunny Adé, el 'presidente' de la música JuJu, que para mí era un completo desconocido. Desde la primera canción, "Ja Funmi", el sonido es cautivador. Esas guitarras tan limpias, esa percusión tan discreta pero que no para en ningún momento, esas voces tan sugerentes (ni idea de lo que puedan estar diciendo), esos solos de steel guitar (a destacar la guitarra de "Ma Jaiye Oni"), esos fraseos que aparecen aquí y allá y que se van repitiendo, y tantas cosas. Es una música ligera y densa al mismo tiempo, agradable e interesante, fácil de bailar y compleja a la vez. Reúne además la tradición africana con los nuevos sonidos importados de occidente (vale, parece un tópico, pero es que es así), sin entrar en contradicciones, y cuando escuchas una especie de solo de sintetizador acompañado de coros que suenan a guerreros preparándose para la guerra con la tribu de al lado (o sencillamente a una pandilla de colegas preparándose para una fiesta), te parece tan normal.

El propio Sunny Adé dice que es música para fiestas, para bailar, y que es una música muy rica. Pues sí. Más adelante me haría con otros discos suyos igual de divertidos y comenzaría también a conocer a otro nigeriano llamado Fela Anikulapo (o Ransome, según la época) Kuti, que tiene un sonido completamente diferente, y de ahí a otros músicos de otras partes del continente como los Bhundhu Boys o Youssou N'Dour. Y todo lo que queda por descubrir...


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 18 de enero de 2004.)

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Los Marañones hacia y desde el Felipop '08 (8-10 de agosto de 2008) 
Como ya ha pasado un mes y me he olvidado de los nombres de todos los sitios y de todas las personas, esto se va a quedar en un mero reportaje fotográfico de urgencia.

El equipo de partida: Miguel, guitarra, voz y manejo, Carlos, órgano y manejo, Román (o sea, yo), bajo, coros y fotos, Pedrín, batería, coros y conocimientos, Rafa, gestión y comunicaciones.


Quedamos en el ensayo, como es habitual, y allí nos encontramos con un par de amiguetes que tienen un conjunto. O dos. O tres. O varios.


Cargamos el equipo y nos vamos. Los de la parte de delante, todos con gafas.


Y los de la parte de detrás, sin.


Un par de fotos artísticas "en el coche por la noche".


Primera parada. Cena y postre en un lugar de La Mancha.


Pasando por debajo de Madrid.


Entrando al hotel donde pasamos la primera noche, camino de Galicia.


Un sitio muy agradable.


Y en ruta otra vez.


Parando para comer, eso sí.


Acercándonos a nuestro destino.


Muchas horas de viaje...


La ría.


Llegamos a la carpa del Felipop, en Limodre, Fene, Coruña, Rafa se pone en modo concierto y nosotros nos preparamos para la prueba de sonido, así que guardo la cámara.


Después de las pruebas, a dejar las bolsas y a ducharse y todo eso. Las vistas desde el hotel, algo diferente al de la noche anterior.


Y a cenar. Churrasco. Y si no quieres churrasco, también hay churrasco. Nos acompañaba un pariente gallego de Pedrín, muy majo, y un par de amigos suyos (de Pedrín, que no del pariente, aunque ahora ya sí). También andaban por allí nuestros amigos de Doctor Divago, que habían tocado el día anterior y se habían quedado a pasar el día. Un placer.


La última foto antes de quedarme sin pilas en la cámara.

En este segundo día del festival, antes de nosotros actuaron Miss Black Emotion, de Castellón, los asturianos Feedbacks y los argentinos Super Ratones, y después de nosotros ni más ni menos que La Granja.

Nuestro repertorio: "Las manzanas del mal", "Atrapado", "El baile", "La memoria del extranjero", "Cruzando las galaxias", "Extraña familia", "Mi gato se llama persona", "Saluda al tren", "Muy buenas horas", "Mi amor es para Luci", "Sexy Dream", "El mundo al revés", "Fuera de límite", "Shangri-La" y de guinda un poquito de "Hey! Bo Diddley".


Un vídeo de zoelope con un par de canciones del concierto. Y aquí una foto de sporras.


El desayuno del día siguiente.


El menú: cerveza, ribeiro, pulpo, almejas, choco y tabla de queso.


Ñam, ñam.


Rafa en su oficina y la camarera venezolana que nos obligó a adivinar su nacionalidad.


Satisfechos. ¿Café? ¿Postre?


Sí, un postrecico.


Y de nuevo en ruta.


Suerte que vayamos en dirección contraria a los que vuelven de las vacaciones.


Una paradita para saludar a la meletérita.


Y a seguir comiendo, en otro lugar de La Mancha, con los amigos de Pedrín.


Y de nuevo en Murcia, a descargar el equipo y cada uno a su casa. Hasta la próxima.


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1983: New Order Power, Corruption & Lies (1983) 


Otros contendientes para el título de disco del año: Peter Gabriel (el cuarto disco del ex-Genesis, que fue uno de los que más escuchamos ese año), Diana (de Diana Ross, aunque era prácticamente un disco de Chic), y algunos de esos huecos en la discoteca que se van llenando, como el primero de los Specials, el London Calling de los Clash, y The Piper At The Gates Of Dawn de Pink Floyd (otro de mis discos favoritos).

Para cuando salió el segundo álbum de New Order, ya les seguíamos la carrera desde los tiempos de Joy Division (recuerdo que en el programa de radio que hacía en esa época le hicimos una entrevista póstuma a Ian Curtis: un amigo asumió su papel y de esa forma estuvimos contando cosas sobre los de Manchester). Escuchábamos los maxi-singles de New Order conforme iban apareciendo, y nos íbamos sorprendiendo con cada uno de ellos.

Las portadas eran todas un derroche de diseño, con trozos recortados, tipografías heredadas de las vanguardias de principios de siglo (XX, claro), créditos ininteligibles, cuadros clásicos mezclados con gráficos de computador, etc. Todo muy moderno, muy de los 80, pero nos encantaba (¡eran los 80!). Por supuesto todo el mértio en este aspecto era del diseñador, Peter Saville.

Y luego la música. La intención del grupo era el anonimato, nada de fotos (vendrían más tarde) ni de nombres, así que además de recrearte en lo gráfico, lo único que podías hacer era escuchar la música. El disco comienza con "Age Of Consent", una gran canción con guitarrazos funkies, sigue con otra al más puro estilo Joy Division, pero ya con la tercera dejan de sonar a grupo de rock y comienzan las cajas de ritmos y los sintetizadores, mezclados con esas guitarras tan características, que además se podían aprender con facilidad, ¡todos podíamos ser el guitarrista de New Order! Y bailar.

Por supuesto, el mundo comenzaba a dividirse entre la gente que no podía soportar este tipo de discos (¡Argh! ¿Sintetizadores? ¿Ritmos discotequeros? ¿Melodías simplonas? ¡Qué horror, con la de buenos músicos que hay en el paro! ¡Si no saben ni tocar ni cantar!), y los que nos dedicábamos a bailarlos y, en algunos casos, a intentar hacer algo parecido musicalmente. La sencillez de las armonías y los ritmos podía contrastar con la complejidad de otro tipo de música que me gustaba escuchar en esa época (me estaba poniendo al día con Van Der Graaf Generator y uno de mis discos favoritos del año fue por supuesto The Man From Utopia), pero estaba todo hecho con tan buen gusto que me resultaba irresistible. Una lección sobre lo que es ir a la esencia y desnudar la música de lo superfluo que todavía tienen que aprender algunos.

Mención especial al maxi-single con "Blue Monday" y "The Beach", que no venían en el disco.


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 18 de enero de 2004.)

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1982: The Lounge Lizards The Lounge Lizards (1981) 


He estado tentado de seleccionar como mi disco favorito de los comprados ese año a Closer (1980) de Joy Division, pero al final me he quedado con los 'lagartos de garito' de John Lurie y su hermano. Otra tentación era incluir el Grandes Éxitos (1982) de Alaska y los Pegamoides, uno de los mejores discos que se han hecho en España.

Realmente no recuerdo de qué conozco yo este disco. No sé si lo compré porque venía avalado por el sello EG (¡la compañía que editaba los discos de Robert Fripp, King Crimson y Brian Eno, ni más ni menos!), o por la pinta de cool cats neoyorquinos que se gastaban los del grupo en la portada. O porque hacían versiones de Thelonious Monk.

Por esa época había empezado a escuchar mucho jazz. Me estaba comprando la colección de Los grandes del jazz de Sarpe (fascículos y discos semanales), y me estaba enterando de muchas cosas. Me había comprado además un recopilatorio de las grabaciones de Thelonious Monk junto a John Coltrane y no paraba de escucharlo. Por cierto que ese mismo año me hice además con otra maravilla llamada Köln Concert (1975) de un tal Keith Jarrett.

Pero el primer disco de los Lounge Lizards era... ¡otra cosa! Para empezar los desarrollos de las piezas eran bastante rápidos, de apenas tres o cuatro minutos, y con un aire de free-jazz controlado que me impresionó. Podían sonar clásicos, y después recordarme a cosas de los King Crimson más enloquecidos de la época de Lizard (1970) o Islands (1971), y luego parecer un grupo punk. Una de las claves del sonido del grupo era el guitarrista Arto Lindsay, que heredaba algunos de los aspectos más interesantes de los guitarrazos disonantes de John McLaughlin y Robert Fripp, añadiéndoles una energía y un sentido del humor envidiables. El siguiente guitarrista de la banda, Marc Ribbott, seguiría por el mismo camino.

Lounge Lizards evolucionaron para convertirse en un grupo mucho mayor, con una formación clásica con más vientos y percusión en la que sólo permanecían los hermanos Lurie y con la que sacarían grandes discos. Pero en este primer álbum, con sólo un quinteto de saxo, teclados, guitarra, bajo y batería, consiguieron un sonido como yo no había escuchado antes, heredando la tradición del jazz que más me estaba gustando a mí (es decir: Thelonious Monk), y actualizándola. Ahora me he fijado, después de todo este tiempo, en que el disco está producido ni más ni menos que por Teo Macero. Yo en aquel tiempo no sabía quién era ese tipo, claro, pero para el que no lo conozca, sólo hay que decir que es fácil encontrárselo produciendo algunos de los grandes discos de la historia del jazz, especialmente de Miles Davis, y algunos de Charles Mingus o Thelonious Monk, o gente así.


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 18 de enero de 2004.)

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1981: Talking Heads Remain In Light (1980) 


Otro año difícil para elegir uno (supongo que será así todo el rato). Este año me compré mis dos discos favoritos de Bowie, algunos de Peter Hammill que me gustan mucho, el Something/Anything? de Todd Rundgren (otro de mis discos favoritos) y el Discipline de King Crimson. Incluso fue entonces cuando conseguí al fin el primer disco de Veneno, disco mítico e imprescindible donde los haya. Pero me quedo con el de los Talking Heads por un montón de razones.

Para empezar recuerdo ir a Doble AA (nuestra tienda de discos favorita en la época) con un buen amigo y escuchar allí el álbum de los Talking Heads. Diablos. Nos quedamos impresionados con el sonido del disco. Ya habíamos oído cosas de los Talking Heads, y éramos fanáticos de Eno, pero no estábamos muy preparados para esto. Esa densidad de ritmos, esas voces, esos solos de sintetizadores, ruiditos y ¿guitarras? Y la portada, con los rostros de los miembros del grupo pixelados (aunque no creo que utilizáramos esa palabra por aquel entonces), y esos aviones de la contraportada, las 'as' al revés. Era todo tan tremendamente moderno que se corría el peligro de que se convirtiera en algo que sólo tuviera sentido en su momento.

Pero no. El disco sigue sonando igual de bien ahora mismo, y además ahora se nota de dónde vienen un montón de las cosas que se han escuchado después, y que siguen pasando por muy modernas. David Byrne y Brian Eno estaban experimentado con ese My Life In The Bush Of Ghosts (1981) que significó el antecedente de tantas cosas, y luego se pusieron a preparar el disco del grupo, aplicando todo lo que habían aprendido al sonido inimitable de los Talking Heads, y agitándolo con unos coros dignos de los primeros discos de Eno. Y encima con músicos invitados de lujo (esa trompeta de Jon Hassell...).

Además para mí es de esos discos que hay que oír enteros y del tirón. Comienza muy fuerte con "The Great Curve" y sigue así hasta que (hacia la mitad de lo que era la segunda cara) comienza a tranquilizarse hasta llegar a esa maravilla que es "Listening Wind", acabando con algo tan siniestro como "The Overload", que parece sacada de un disco de Joy Division (otros de mis favoritos de la época). Todo un viaje.

En fin, un disco que sigue sonando igual de fresco y de interesante que el primer día. A partir de ahí, Eno tiraría por otro lado centrándose más en su faceta de música 'ambiental', y los Talking Heads (y más adelante David Byrne en solitario) se adentrarían en otros territorios más pop, lo que convierte a Remain In Light en un disco definitivamente irrepetible.

(Nota y puesta al día: he leído en algún sitio que "The Overload" fue un intento deliberado por parte del grupo de sonar como Joy Division, así que no iba muy desencaminado, y en cuanto a la colaboración entre Eno y Byrne, resulta que la han retomado casi treinta años después: Everything That Happens Will Happen Today.)


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 18 de enero de 2004.)

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Stray Cats (San Pedro del Pinatar, 19 de agosto de 2008) 
Desde que empecé con esto he tenido la intención de ir contando los conciertos a los que voy, pero nunca consigo estar al día, así que, aunque sólo sea para que quede constancia de ello, sí, el otro fuimos a ver a los Stray Cats a San Pedro del Pinatar, en la costa murciana.

Digo fuimos porque no iba solo, claro. Íbamos Joaquín Talismán, Rafa y yo, y lo primero que hicimos al llegar fue quitarle el sitio para aparcar ni más ni menos que a Ángel Sopena. Supongo que acabará perdonándonos. Conforme íbamos viendo aumentar el tamaño y el número de las motos sabíamos que nos íbamos acercando al lugar. Llegamos a tiempo de ver acabar a los teloneros y de enterarnos que nuestros amigos Los Fanáticos actuaban después de los Stray Cats. Saludamos a diestra y siniestra y nos acomodamos junto a la mesa de mezclas (típico) para verlos.

Lo que es el concierto de los de Nueva York, pues eso, aparte de las limitaciones en el sonido y de las dificultadoes para llegar a la barra, fantástico. Aunque nunca había visto al grupo en directo ni tampoco he sido un gran seguidor de su discografía, ya estaba más que convencido de la maestría de Brian Setzer con la guitarra, así que la verdadera sorpresa fue ver en acción al otro par de elementos. Slim Jim Phantom saltando y corriendo por todo el escenario para llegar justo a tiempo de dar el platillazo final de cada canción, mientras un roadie le ponía y quitaba elementos de la batería, para que en cada momento estuviera siempre reducida a la mínima expresión (normalmente bombo, caja y plato, y ocasionalmente algún timbal y algún otro plato que iban y venían), y sobre todo el genial Lee Rocker, alternando sus dos contrabajos y haciendo tresillos sin parar subido al instrumento.

Comenzaron enchaquetados y acabaron descamisados, después de casi dos horas de concierto, acabando con unos bises que incluían una versión del "Somethin' Else" de Eddie Cochran (¡cómo no!) con Setzer subido encima del bombo, Slim Jim Phantom correteando por el escenario y Lee Rocker con el contrabajo en el regazo dándose paseos mientras hacía más tresillos. En fin, que lo pasamos en grande. Lo que es rock & roll, vaya.

Al final nos volvimos a Murcia y nos quedamos con las ganas de ver a los Fanáticos, que según nos contaron no empezaron a tocar hasta casi dos horas después de los americanos.

Aquí hay un comentario más informado sobre el concierto: Maullidos de R'n'R a orillas del Mar Menor, y aquí un poco de información previa: Stray Cats: Ahora o nunca.

Y como para eso tenemos YouTube, aunque yo no hice ni fotos ni vídeo ni na' de na', allá va un puñado de vídeos grabados desde el público por algunos de los asistentes:

http://youtube.com/watch?v=5OklTyiW_m8
http://youtube.com/watch?v=BtV2bwgjb-U
http://youtube.com/watch?v=LS4Cq55WdoY
http://youtube.com/watch?v=_T-MYmO6MUc
http://youtube.com/watch?v=lH5F6qF5FRE
http://youtube.com/watch?v=uzN6dj2MNE4

Y como guinda, una pequeña demostración de Lee Rocker y su técnica ante un pasmado presentador de televisión alemán: Lee Rocker - Slap Bass Lesson. Así estuvo las dos horas de concierto, sin despeinarse.


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1980: Frank Zappa Apostrophe (') (1974) 


Otra elección difícil, en dura competencia con otros dos de mis discos favoritos: el Electric Ladyland de The Jimi Hendrix Experience, y el fantástico Exposure de Robert Fripp. Pero el Apostrophe (') es mucho Apostrophe (').

Ya comenté este disco en la liZta cuando hacíamos lo del 'disco del mes'. A lo que dije allí sólo me gustaría añadir que en aquellos tiempos, cuando compré el disco, yo no sabía nada de lo que decían las letras de las canciones, ni conocía la historia de las composiciones, ni quién tocaba en cada canción, ni nada de nada. Sencillamente me dedicaba a escuchar la música y las voces y a dejarme llevar por sus complejidades, divirtiéndome y fijándome en los sonidos, mientras el melenudo y bigotudo narizotas me miraba fijamente desde la portada. Otro disco perfecto.


(Enviado originalmente a la liZta el jueves, 15 de enero de 2004.)

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1979: Bob Dylan Blonde On Blonde (1966) 


Por esta época ya empezaba a comprar más discos, y la cosa comienza a ponerse complicada para elegir. Ese año me hice con Wings Over America (1976) (en Reyes, cómo no: otro triple beatleliano. ¿Se escribe eso así?), y con The Lamb Lies Down On Broadway (1974), de Genesis (otro disco con historia incluida, y también traducida en la edición española). También cayeron el Band On The Run (1973) de McCartney & Wings, que me regalaron para mi cumpleaños entre varios amigos (así éramos de pobres), el Aqualung (1971) de Jethro Tull, versión sin censura, que me trajeron de Inglaterra unos tíos, e incluso el Mothermania (1969), mi primer disco de Zappa, que le compré a un amigo ese año (después de habérselo pedido prestado una y otra vez durante meses). Pero definitivamente y sin dudarlo me quedo con el Blonde On Blonde (1966) de Bob Dylan. Y eso que ese mismo año me compré algunos de mis otros discos favoritos de Dylan, como Street Legal (1978), The Freewhelin' (1963) y sobre todo Blood On The Tracks (1975).

Yo quería tener el Blonde On Blonde desde que me leí el libro sobre Dylan que había escrito Jesús Ordovás, pero era difícil de encontrar. Lo pedía a las tiendas de discos y lo buscaba cada vez que salía de Murcia. Mi impresión es que lo busqué durante años, pero evidentemente el tiempo pasaba despacio en esa época, así que seguramente fueron sólo meses. En cualquier caso, todavía recuerdo bien cuando lo conseguí y vi esa foto borrosa de Dylan con su abrigo. Había que abrir el disco para verla entera, ¡qué idea!

Llevaba las letras (en un inglés todavía bastante ininteligible) y una hoja interior con comentarios de críticos españoles sobre el disco. A destacar un comentario de Constantino Romero (supongo que será el mismo que luego se haría famoso doblando a Clint Eastwood y Darth Vader antes de convertirse en presentador de concursos televisivos) diciendo cosas como: "En este álbum Dylan no es ni insultantemente simple ni decepcionantemente complejo".

Y al abrirlo esas fotos en blanco y negro y esos aires de 'auténtico artista' que gastaba el de Minessotta en esos tiempos, con esa cara de mal humor y esas miradas que atraviesan la cámara. Vaya personaje.

De este disco en realidad se ha hablado ya tanto que poco más se me ocurre para decir. No hay ni una sola canción que no me guste, o que me sobre. Es uno de esos discos donde hay canciones apropiadas para cada momento. Desde la belleza simple de una canción perfecta como "I Want You", la descarnada "Just Like A Woman", o la enamorada "Sad-Eyed Lady Of The Lowlands", hasta la diversión pura de "Rainy Day Women #12 & 35" o "Leopard-skin Pill-box Hat", pasando por cosas enormes como "Visions Of Johanna" o "Memphis Blues Again", o bromas como "4th Time Around" (parodia del "Norwegian Wood" de los Beatles), auténticos blues como "Pledging My Time" y "Obviously 5 Believers". En fin, pasaría horas y horas hablando de este disco, surrealista y ácido como pocos. Siempre me viene a la cabeza cuando pienso cuál sería mi disco favorito de todos los tiempos, pero nunca me decido a asegurarlo. Ahora bien, si me pongo a escucharlo...


(Enviado originalmente a la liZta el jueves, 15 de enero de 2004.)

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La Azohía, 1 de agosto de 2008 

Foto: Carlos Campoy


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1978: The Who Quadrophenia (1973) 


Siguiendo con la tradición, en los Reyes de 1978 también me compré un disco de George Harrison, 33 & 1/3 (1976), pero como ya está bien del beatle, de los de ese año he seleccionado esta barbaridad de los Who.

Era uno de esos discos que quería tener desde hacía tiempo, y que se hacía difícil porque salía bastante caro (1000 ptas de entonces), pero la espera y el desembolso merecieron la pena. La portada era espectacular, con todas esas magníficas fotografías en blanco y negro que nos contaban la historia del mod protagonista y su 'cuadrofenia'. Además la historia venía, por una vez, traducida en la portada del álbum, así que resultaba fácil comprenderla y tratar de ponerse en el lugar del protagonista.

Desde el principio el disco me enganchó completamente, con esa introducción donde se presentaban las cuatro personalidades del personaje identificadas con cuatro temas que se escucharían más adelante, y el impresionante principio de "The Real Me" con el bajo de John Entwistle a todo volumen. ¡Yo quiero ser bajista! La genial "Cut My Hair", donde con pocas palabras se cuentan tan bien las frustraciones y contradicciones del adolescente, "I'm One", "5:15", y todas las demás, incluidos los instrumentales. Cuántas grandes canciones, qué grupo más bueno, cómo suena, qué batería, qué bajo. Ese pequeño fragmento de una canción desconocida que sonaba justo antes de "Is It In My Head?" (y que después descubriría que era "The Kids Are Alright", una de las canciones más antiguas del grupo, que busqué durante años). Y a mirar y volver a mirar las fotos para seguir la historia. Anda, las chicas de las fotos parece que tengan pintada la ropa interior a lapiz, qué raro, y aquí en las letras hay un espacio en blanco muy extraño, como si faltara una canción, ¿por qué será eso?

En 1979 este disco además se convertiría en uno de los discos de culto entre mis amistades. Luego salió la película, y por una vez no era decepcionante. Además en el disco con la banda sonora de la película aparecía "Doctor Jimmy", que resulta que era la canción que correspondía al espacio en blanco que había en las letras, y que había sido censurada en la edición española (¡Hablaba de drogas! ¡El demonio!). Luego viendo la edición original (y la reedición en CD), también se entendía lo que había pasado con la ropa interior de las chicas, y por qué no había un "John's Theme" en el disco.


(Enviado originalmente a la liZta el jueves, 15 de enero de 2004.)

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