
Desde que le descubrí en 1980 con A Black Box, he intentado seguir la carrera de Peter Hammill, aunque en aquellos tiempos era difícil, porque muchos de los discos antiguos no se encontraban (recuerdo unos anuncios en la revista Sal Común donde venían las portadas de los discos de Peter Hammill junto a las de Frank Zappa para comprarlos de importación a través de alguna tienda de Barcelona, creo que Pan i Musica). Así que cada vez que conseguía alguno era un acontecimiento.
Después, con la llegada del CD, y la creación de su propia compañía, Fie!, comenzó a hacerse más sencillo seguirle. Pero el hombre es creativo, y tiene un estudio en su casa y ya digo que tiene su propia compañía, así que, ¡saca disco tras disco, sin descanso! Y todos me gustan mucho, tanto que es muy difícil poner alguno por encima de otros.
Cuando salió Everyone You Hold acababa de conseguir el anterior, X My Heart (1996), uno anterior que no tenía, Out Of Water (1990), y uno doble en directo de esa época que tenía grabado y que oía constantemente, Room Temperature: Live (1990). Así que cuando vi el nuevo, me dije: "¿Otro? ¡Esto ya es demasiado!" Pero aún así, me arriesgué a que me cansara tanto Peter Hammill y me lo llevé.
Y es que salía él en la portada, con sus canas, su mano, y esa mirada. Y te vuelves a quedar prendado del tipo. Luego pones el disco, y ya con la primera, "Everyone You Hold", te vuelves a rendir. Esa voz... El álbum no tiene nada que ver con el anterior, que era un disco "de grupo". Éste es más sosegado, más experimental en cuanto al sonido, pero lleno de canciones muy personales. Como es habitual, él se encarga de todos los instrumentos (principalmente teclados, y alguna guitarra) y las voces, contando con la colaboración puntual de sus habituales Manny Elias a la batería, Stuart Gordon a los violines y David Lord a los teclados. Además cuenta con Hugh Banton, su viejo compañero de Van Der Graaf Generator, al órgano en un par de canciones.
Pero todo esto son detalles. Lo importante es que cuando llega "Phosphorescence"... te empieza a subir algo desde la barriga y se te empiezan a poner los pelos de punta otra vez. Lo ha conseguido de nuevo. ¿Qué tiene este tipo que hace una música tan bonita? Y se supone que sus canciones están llenas de tristeza y de desgarro. Habla sobre el paso del tiempo, el deterioro de las relaciones, la futilidad de los actos de la vida, y sin embargo, tiene un no sé qué optimista, unas ganas de sacar fuerza para seguir luchando. En fin, ¡y a mí que lo que me gusta son los discos divertidos!
(Por cierto, Peter Hammill tiene su propia página en la red, desde la que va dando noticias casi a modo de diario, y va comentando sus propios discos de un modo muy personal. Muy recomendable: Sofa Sound.)
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Salgo de Murcia tranquilamente el jueves y paro a comer en Casa Julio, el célebre restaurante de Cancarix que en los años 80 se especializaba en sus famosos belmontes con mosca (que en realidad era una avispa). Aprovecho para tomarme el primer gazpacho (andaluz) de la temporada.

En Utiel me esperaba el jefe, en el bar de siempre.

Enganchamos a Santi, que ha llegado desde Valencia, y nos vamos hacia San Clemente, a hacer una parada técnica familiar. Después de perseguir a un camión de paja por un camino imposible, conseguimos recuperar nuestro rumbo original y finalmente llegamos a San Clemente.

La Mancha es lo que tiene, que es muy tranquila. De allí nos vamos hacia Madrid. Por el camino equivocado, por supuesto. Después de intentar perdernos en Alcorcón sin demasiado éxito, recogemos a Manoel. Ya estamos todos. Por el camino, como era de esperar, vamos oyendo música todo el rato, con CD-Rs repletos de archivos MP3 de lo más variopinto alternando con mi reproductor, que está repleto de música de 1970 (sí, así de específico). Si hay suerte, Luis apenas deja sonar una o dos canciones de cada álbum antes de pasar al siguiente. Excepto cuando Manoel lo amenazó de muerte si quitaba el Lizard (1970) de King Crimson.
Luego descubrimos que James Brown en realidad canta en español, repitiendo una y otra vez: "¡Quiero limón, quiero limón!", y, para celebrarlo, hacemos una paradita en Las Esparteras, un asador de la Carretera de Extremadura con una clientela impresionante. Entre ellos estos dos, ya mencionados:

Dentro del bar, junto al asador repleto de todo tipo de cadáveres suculentos, comprobamos que los arzobispos también van al baño y que los jamaicanos están por todas partes. Eso sí, las olivas estaban buenísimas.

Seguimos camino, adentrándonos en tierras extremeñas. Pronóstico: lluvias generalizadas.

El río Ebro, a su paso por Sevilla.

Amenaza cumplida:

Finalmente, los kazoos hacen su entrada en Portugal. De izquierda a derecha: yo, Manoel, Santi y Luis G.

Pasamos la aduana de Lisboa (más bien el peaje), bajo la mirada atenta de un tipo con los brazos abiertos.

Y después de cruzar el puente pequeño, que es enorme, nos adentramos por las avenidas lisboetas buscando nuestro hotel. Monster y Mo ya están por allí y nos indican cómo llegar: la minifalda en la esquina entre la calle tal y la avenida cual. Después de dar varias vueltas alrededor de la plaza de toros, en varias direcciones diferentes, conseguimos volver a donde estábamos, empezar de nuevo y dar con nuestros amigos, a los que en realidad no conocíamos.
Aquí una foto de Luis unos segundos después de conocer en persona a Monster:

Nos acomodamos en el hotel (residencia, en realidad), que no se puede decir en ningún caso que sea de reciente construcción. Nos vamos a cenar cerquita a un restaurante completamente vacío. El camarero parece malhumorado al vernos entrar, pero pronto descubrimos que en realidad tiene un sentido del humor especial. Y muchas ganas de irse a su casa.
Pero con nosotros lo tiene difícil, porque pronto se nos suman Sebastián (a partir de este momento conocido como Sebastião Molineiro) y Eva, que llevan todo el día por ahí.

La conversación se anima. Aquí Mo (que todavía no había salido en las fotos), contándole algo sorprendente a Luis.

Eva y Sebastián nos llevan a una zona de bares que ellos ya conocen, que en realidad es una trampa con eterna subida de escaleras incluida. Subimos y subimos escaleras, buscando el local apropiado, que nunca llega. Es una situación clásica.
Por el camino vemos carteles del Zappamundo Festival y de pronto nos acordamos de por qué estábamos todos por aquí.

Sea como sea, conseguimos decidirnos por un local, ya cuesta abajo, que resulta estar plagado de adolescentes.
Pero tiene futbolín, aunque los jugadores son monopodos. No es una excusa, pero no es lo mismo. Ya llegará la revancha.
El día siguiente amanece gris y lluvioso.

Manoel y yo nos subimos a desayunar a la última planta del hotel después de intentarlo infructuosamente en una peluquería del entresuelo, y de allí nos vamos con Monster y Mo a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, Santi y Luis se han levantado muy temprano y se han ido cada uno por su cuenta a recorrer Lisboa. Los demás nos quedamos a cubierto, dejando que Lisboa nos vaya recorriendo a nosotros. Vuelve Luis.

Se nos agrega JV, que ha conseguido aterrizar a pesar de la nube de ceniza islandesa que asola los cielos.

Volvemos a la residencia y de camino veo una escalera fotable. La foto.

Ya en la residencia, descansamos un ratito antes de irnos al Liceo a montar los trastos para la prueba de sonido y todo eso. Manoel aprovecha para hacer unas cuantas escalas.

Pero por mucho ruido que intente hacer, no consigue que no me duerma.
Ya más fresquitos, nos presentamos en el Liceo Camões. Concretamente en el gimnasio, que es donde se hace el concierto.

Como queda un buen rato para nuestra prueba de sonido, nos vamos a matar el tiempo a un centro comercial que hay cerca.


Allí descubrimos cómo hacer fotos panorámicas con el teléfono de Manoel y nos vamos de vuelta al Liceo, caminando sobre el empedrado.


Allí nos esperaban Javier y Mª José. Ya estamos casi todos.

Se nos une Santi, que luego nos enseñará algunas fotos estupendas de la Lisboa que yo nunca vi, y probamos sonido, tratando de entendernos con el técnico, aunque la barrera no sea necesariamente idiomática. Cuando quedamos medianamente satisfechos, ignoramos algún que otro comentario, y damos por terminada la prueba. Dejamos las cosas en el camerino y saludamos a la cámara.

Cómo no, nos vamos de nuevo al centro comercial, que debe ser uno de los sitios menos característicos de Lisboa, pero es que somos así.


Y llega la hora de tocar. Abren Zappanoia y después vamos nosotros.


El repertorio completo: "Lumpy Gravy", "Pojama People", "Dirty Love", "Find Her Finer", "Mudd Club", "Love Of My Life", "Goblin Girl", "Catholic Girls", "Muffin Man", "Electric Aunt Jemima", "I Have Been In You", "Eat That Question", "Bobby Brown", "He's So Gay", "Big Leg Emma", "Trouble Every Day", "Crew Slut" y "The Torture Never Stops".
El conjunto: Luis González, voz y guitarra acústica; Manoel Macía, guitarra acústica; Román García, bajo acústico y coros; Santi Serrano, batería y percusión.
Aquí una parte de la actuación, con "Bobby Brown" y "He's So Gay", filmado por JV con la cámara de Santi (que es el que autorretrata al conjunto en la introducción):

Y aquí el final, con "The Torture Never Stops":

Después del concierto, mientras actúan los magníficos Low Budget Research Kitchen, nosotros nos dedicamos a pasar un buen rato con los liZteros y las no tan liZteras. Aquí Eva meándose de risa con las cosas que dice su Sebastián:

Santi haciendo migas con el cantante y guitarrista de Zappanoia, un tipo muy majo.

Mo y Monster (que definitivamente parece capaz de cambiar de fase).

A lo lejos, el cowboy solitario ha puesto puesto.

Las conversaciones se van poniendo interesantes, pero empezamos a estar cansados y es tarde. Se escuchan algunas frases gloriosas, como: "Tú callate, bonita, que eres la más guapa de la fiesta", o: "Pero, pero, ¡éste es el auténtico freaky!" Mientras tanto JV empieza a decirlo todo en portugués, así que definitivamente es hora de irse. Quedamos todos en agosto en la Zappanale. Pero, antes de retirarnos, se necesita una foto de familia. De algún modo conseguimos reunirnos toda la pandilla.

De izquierda a derecha: Luis G, Manoel, Monster, Mo, JV, Eva, Sebastián, Javier, Mª José, yo y Santi. Al fondo, arriba, el cielo rojo de Lisboa.
Al día siguiente volvemos a casa, dejando la ciudad preparada para la visita de otra conocida estrella internacional.

El virus JV se me ha contagiado y voy casi todo el camino de vuelta hablando con acento portugués. Tratando de hablar con acento portugués, más bien. Los demás kazoos lo sufren en silencio. De nuevo los campos extremeños.

Con doble arco iris incluido, acercándonos a Madrid para dejar a Manoel.

Y de vuelta a La Mancha manchega.

De allí a San Clemente y a Utiel, luego Santi a Valencia y yo a Murcia al día siguiente. Y hasta la próxima.
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Pues eso, que hoy, a eso de las 23:30 h. en Canal 6, Joaquín Talismán presenta su nuevo disco en el programa de Jam Albarracín, La Jam Evasión. Le acompañaremos Fernando Rubio y yo.
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Un pequeño fragmento del ensayo de los Kazoos de Reynaldo en Utiel, el pasado martes, 27 de abril de 2010, preparándonos para el concierto en Lisboa de la semana que viene:

La formación: Luis G., guitarra y voz, Manoel Macía, guitarra, Román García, bajo y coros, Santi Serrano, batería y percusión.
Y aquí el cartel del festival lisboeta:

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Por fin ha salido a la calle el nuevo disco de Joaquín Talismán, ahora con Los Chamanes. Y, como ya contaba hace algún tiempo, resulta que tengo el honor de ser uno de los tales chamanes y de haber participado en la grabación del disco, así que estoy muy contento.
El disco se puede conseguir en todas las tiendas y en el propio sitio de Talismán y su sello Perdición, donde también se puede escuchar ya alguna canción.
Aquí la foto oficial del grupo, de Platty, la que aparece en el libreto:

De izquierda a derecha, Juan Antonio Fructuoso, batería y coros, Román García, bajo en algunas canciones, Fernando Rubio, guitarra en algunas canciones y coros, y Carlos Campoy, teclados en general.
Y aquí, de regalo, un dibujillo de los Chamanes que hice a golpe de ratón basándome en una idea de Joaquín:

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Un adelanto de Monolitos, el nuevo disco de Caballero Reynaldo:

(Sí, el del principio del vídeo soy yo, haciendo como que escribo las letras del disco.)
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Un paseíto por el barrio a la vuelta de las vacaciones, en Murcia, el 1 de septiembre de 2009. La música de acompañamiento está sacada de tres improvisaciones MIDI grabadas entre 1997 y 2000.
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En los primeros años 80 una de las cosas que más me gustaba oír eran los frippertronics de Robert Fripp. Estos juegos musicales improvisados con la guitarra y los dos magnetófonos haciendo bucles me servían de música de fondo para escribir, leer, o sencillamente sentarme y dejar volar la cabeza. Luego se dedicó a los renovados King Crimson, luego a las clases de guitarra y ahí ya le perdí la pista al hombre. A principios de los 90 surgió la noticia de que King Crimson volvían a existir, ahora como doble trío. Pero todavía más que eso, me alegró saber que Fripp volvía a hacer giras en solitario y a grabar frippertronics.
Sólo que ahora no se llamaban frippertronics, sino 'soundscapes' (algo así como 'paisajes sonoros'). Sencillamente, había cambiado los dos magnetófonos por dos ecos digitales y un controlador MIDI, con lo que ahora tenía mucho más juego. El primero de los discos dedicados íntegramente a los 'soundscapes' que editó fue este 1999 (1994), que continuaba la tradición de Let The Power Fall (el último disco de frippertronics, editado en 1981, que se había quedado en "1989"), y después editaría al menos seis más en formato físico y otro buen montón como descargas en DGM Live.
El álbum está íntegramente grabado en Argentina y en directo, y comienza con los 16 minutos oscuros y siniestros de "1999" (que me animan a releer los relatos de H. P. Lovecraft, una de mis lecturas favoritas mientras escuchaba frippertronics), sigue con "2000" (más luminoso, y que me recuerda a sus antiguas colaboraciones con Eno, de donde salió toda esta idea de los bucles), llegamos al nuevo siglo con "2001" (un 'soundscape' todavía más luminoso que el anterior), hacemos una pausa en "Interlude" (el más extraño y juguetón de todos, y el más breve), y acabamos con "2002", que sube desde la nada muy poco a poco (y que es la parte del disco que más me recuerda a los antiguos frippertronics).
Como siempre, en el disco hay unas extensas notas de Fripp explicando de qué va la cosa, que finalmente resume de forma genial diciendo: "Éste sigue siendo el mejor modo que conozco de hacer un montón de ruido con una guitarra".
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Ayer Jam Albarracín y yo mismo estuvimos charlando sobre la historia de la música pop en Murcia dentro de las IV Jornadas sobre poesía y canción que organiza la Universidad de Murcia en colaboración con AMCA (Asociación Murcia Canción de Autor).
Jesús Cutillas, por parte de AMCA, iba a ejercer de moderador pero tenía obvios asuntos familiares en forma de niño muy simpático que atender, así que Tono, por parte de la Universidad, nos dio la entrada y se fue, que también tenía asuntos que atender, aunque tecnológicos.

Total, que nos quedamos Jam y yo, junto a Isabel García Molina, también de la Universidad, contando nuestras cosas a los que asistieron. Hablamos de todo: músicos, grupos, técnicos de sonido, estudios de grabación, radio, televisión, prensa, mánagers, promotores, instrumentos, etc.
Y luego nos fuimos a cenar y al Zalacaín, a ver actuar a algunos de los miembros de AMCA, entre ellos el amigo Jass.
La foto es de Cascales, que también anduvo por allí.
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