The Whip (Audio, Murcia, 16 de enero de 2009) 
Una de mis intenciones al comenzar esto era dejar constancia de los conciertos a los que voy asistiendo. Pero tratar de hacer una crítica o un comentario más o menos interesante me resulta a veces muy difícil, así que lo voy dejando y al final no pongo nada.

Pues bien, pues vale. Como la intención es, ya digo, como mínimo dejar constancia, pues la dejo, aunque sea sin muchos comentarios sobre el contenido, y a ver si así la sigo dejando (la constancia, digo):

Jueves, 15 de enero de 2009, por casualidad me pongo a chatear con mi vecino, que me dice que mañana tocan The Whip y que si vamos. Yo no conozco de nada al grupo, así que me apunto. Y vamos.

Viernes, 16 de enero de 2009. Sala Audio, Murcia. Llegamos con el concierto de Miqui Puig ya empezado. Me gusta la bajista, que al final es la que más anima al público. Luego vienen The Whip, que ponen a todo el mundo a dar botes casi desde el principio.

Como por allí me encuentro a lo más granado del periodismo profesional y amateur de la ciudad, creo que será mejor dejar que los comentarios los hagan ellos, así que allá van de momento los de anywhere y Miguel Tébar.


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La radio se sigue moviendo 
El pasado martes, 13 de enero, retomamos las tertulias radiofónicas de La radio se mueve, en Onda Regional de Murcia.

En esta ocasión, además de los habituales aarönsáez y David Moya, se unieron a nosotros Jass, Fran Ropero y David De Gregorio. Los cinco juntos forman el proyecto 5autores.son, y estuvieron pasándose la guitarra y deleitándonos con pequeños fragmentos de sus canciones. Yo me tuve que contener para no agarrar la guitarra en una de ésas e interpretar mi versión especial de "No es raro el buey". Mejor para todos.

Saliendo de la emisora nos encontramos a Laura More, que andaba por allí haciendo entrevistas y eso, y que nos echó una foto a todos en la puerta:




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1989: De La Soul 3 Feet High And Rising... (1989) 


Después del gamberrismo de los Beastie Boys, el enfado de Public Enemy o los collares de oro de Run DMC, la aparición de De La Soul en el mundo del rap y el hip-hop fue como una gran bocanada de aire fresco. Armados con margaritas, colores y símbolos hippies para acompañar unas canciones llenas de alegría y sentido del humor, y una música llena de referencias y construida con mucha inteligencia a partir de una biblioteca de samples (sin acreditar, al menos en la edición original) que beben de las fuentes más clásicas de la música negra y no tan negra (entre las referencias hay cosas predecibles como James Brown o Jackson 5, junto a otras que no lo son tanto, como Steely Dan, Led Zeppelin, Johnny Cash, The Monkees o Liberace) aparecieron estos tres curiosos personajes enviados desde Marte por su mentor Prince Paul (según cuenta el tebeo que acompaña al álbum).

Mi recuerdo es ver por la televisión el vídeo de la estupenda "Me Myself And I" (con ese sample que años más tarde descubrí que procedía de Funkadelic) y decidir que quería ese disco. Y cuando lo escuchamos en casa, se convirtió inmediatamente en el disco de la temporada, con sus lecciones de francés ("Transmitting Live From Mars") y canciones tan buenas como "Magic Number" o "Eye Know". Poco a poco han seguido sacando discos igual de buenos o mejores que éste, aunque, claro, nunca tan sorprendentes. Lógico. Pero, a un ritmo pausado, de momento han publicado siete álbumes sin desperdicio, y prometen otro para dentro de poco. Que yo adquiriré religiosamente, claro.

Mientras tanto, he conseguido hacerme con la reedición de este primer disco en formato CD doble, cuyo segundo disco lleva todas las canciones que aparecieron en su momento en singles y maxi-singles, incluido uno que tenía tres caras y que en su momento venía con una pegatina de regalo, que todavía tengo pegada en una vieja carpeta. Eso sí, la camiseta, que todavía conservo, ya apenas me la pongo. Pero de cuando en cuando le llega su turno.

(Lo de las tres caras: una de las dos caras del vinilo llevaba una espiral con dos surcos paralelos, en lugar de uno sólo, así que dependía de dónde cayera la aguja para que escucharas uno u otro. Muy ingenioso.)


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 8 de febrero de 2004.)

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1988: Marvin Gaye Midnight Love (1982) 


Ese año, curiosamente, compré muy poquitos discos, y eso que fue cuando empezaba a ir a Madrid con bastante frecuencia, y allí se podían encontrar más cosas que por aquí. En cualquier caso, entre unas cosas y otras aproveché para hacerme con este disco de Marvin Gaye que ya conocía y disfrutaba desde hacía algún tiempo (era uno de los favoritos en El Tercer Mundo).

Marvin Gaye había sido una de las primeras figuras de la Tamla-Motown en los 60, pero después del exitazo de "Heard It Through The Grapevine" consiguió de la compañía que le permitiera autoproducirse, gozando de una libertad creativa inusitada. Así hizo What's Going On (1971), que fue otro gran éxito, y que además fue un punto y aparte en el mundo de la música soul: un disco de temática social y reivindicativa, amargo y positivo. A partir de ahí, hizo lo que quiso, y grabó maravillas como Let's Get It On (1973) o I Want You (1976), quizá más lúdicos, pero igual de intensos.

Y así llegamos a sus años oscuros, su ruptura con la Motown y su contrato con CBS, para los que se estrenó con este Midnight Love, que supuso una espectacular recuperación para Gaye. Un disco positivo, alegre, sexual, sensual, bailable, con una instrumentación impecable, característica de la época, pero realizada con un gusto exquisito, mezclando sintetizadores, cajas de ritmos, percusiones varias, guitarras funk y secciones de viento tremendas. Y todo desde el primer corte, ese espectacular "Midnight Lady" que te obliga a levantarte del asiento. Después, la famosa "Sexual Healing", que fue uno de los grandes éxitos de la época, y que todavía sigue sonando por ahí de vez en cuando, o la impresionante "Rockin' After Midnight", mi favorita del disco, o las trompetas y ritmos de "Third World Girl", con esas voces, todas grabadas por el propio Gaye. Y es que por encima de todo, en el disco es omnipresente su voz, única.

Lo triste del caso es que poco después de grabar esta maravilla de disco, una estupidez (típica de un país en el que todo el mundo está armado) acabó con su vida y nos dejó a todos sin poder escuchar lo que podría haber hecho despúes de este Midnight Love. Una de las grandes tragedias de la historia de la música.


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 25 de enero de 2004.)

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Los Marañones en el VIII Desencuentro Enemigo, Bilbao -- 6 de diciembre de 2008 
Buenos días en Aranda. Desayunamos enfrente del hotel, en el Bar Moderno, fundado en 1947.



Y después nos vamos de tapeo no muy lejos, a Casa Silviano, "¡alto y a beber!".



Y salimos de Aranda cargados de vino, valga la redundancia, camino de Bilbao.









Llegamos al mismo Bilbao y conseguimos encontrar la plaza donde está el hotel.



Pero lo primero es lo primero. El gran Wito, nuestro anfitrión, nos encuentra tomando cañas y pinchos al lado del hotel. La primera impresión siempre es importante.



Después de dejar las maletas y eso (sea lo que sea eso), nos vamos a la sala, que antes fue una iglesia y ahora es BilboRock.



Aprovecho que el sitio es bonito para intentar hacer algunas fotos de la prueba de sonido sin que salgan demasiado movidas (es decir, apoyando la cámara sobre el amplificador).









Y después de la prueba y de conocer a la gente de Bosco el Tosco y su Puta Banda, muy majos, nos lanzamos a la noche bilbaína para desencontrarnos.





Y finalmente nos encontramos con los del VIII Desencuentro Enemigo, que nos invitan a una merienda de cumpleaños con serenata incluida en el sótano de un bar bilbaíno.



Donde, entre otros, conocemos al legendario Ragtime Willie.



Por allí también andaban nuestro paisano Txus, y Javi Enemigo, con el que ya habíamos estado en Madrid, y, bueno, un montón de gente genial, a la que conocíamos en parte gracias a Requesound. Y no me lío a decir nombres y más nombres, porque seguro que me olvido de alguien y quedo fatal, pero vaya, por Requesound se les suele encontrar a todos. Después de la merienda, el postre (mientras tanto, en el piso de arriba, Rosa Díez se tomaba algo en la barra).



En el recital final, antes de irnos corriendo para la sala, Carlos descubre un nuevo instrumento, marca Suchard.



Y de vuelta a BilboRock, paseando, que la noche es muy agradable. Sólo llueve lo justito para refrescar el ambiente.



Al llegar a la sala, me encuentro con el privilegio de conocer en persona al incomparable Teddy Baxter, de Botxo Boogies, compañero de Unmatcheds, que se acercó a saludar, aunque no pudo quedarse al concierto. Un placer. En el camerino, nos entretenemos leyendo El Karma, la revista que edita Bosco el Tosco.



Y comienza el concierto. Aquí unas fotos de Sigfredo H. Haro del divertido concierto de Bosco el Tosco y su Puta Banda. Y aquí otras del nuestro.

El repertorio fue el mismo que en Aranda, con la excepción de que la bola extra, "Cinnamon Girl", se convirtió en una auténtica fiesta, con Wito subiéndose a tocar los timbales con Pedrín y Carlos estrenando su nuevo instrumento al ritmo de "We Will Rock You" tras entonar unos cuantos cantos al vino que, recordemos, había estado repasando allí, en Aranda. A Wito, antes de subirse, todavía le dio tiempo de grabar algunas canciones con la cámara de su móvil: "Mi guitarra quiere matar a tu madre", "Mi gato se llama Persona" (que es la favorita de su hijo Jokin) y "Cinnamon Girl".

Allí mismo tuve también la ocasión de conocer por fin al liZtero Borja Aramburu, que también hizo algunas fotos y luego escribió una crónica del concierto en su blog. Otro montón de fotos en la galería de Requesound, y allí mismo, un artículo de Ragtime Willie sobre el Desencuentro. Aquí otro de Klimtbalan, con la que tenemos unos cuantos conocidos comunes, en Bullas y en más sitios, y aquí una crónica de Kintela.

Vaya, con eso creo que se puede hacer uno una idea de cómo fue la cosa. Después del espectáculo, el alterne, bastante movido.







Tras recoger el equipo, cerrar la sala, sufrir la trágica pérdida de una de las botellas de vino que traíamos de Aranda, recuperar (tras unas cuantas gestiones de Wito y Txus, que aprovecharon para aprovechar, valga la redundancia, el tiempo con nosotros en el bar del hotel, abierto las 24 horas, cosa de agradecer en esas circunstancias) una bolsa que había acabado traspapelada entre las cosas de Bosco y dejar la furgoneta a buen recaudo, comenzó una peregrinación por la noche de Bilbao, guiados por Wito, que tenía la imposible tarea de tratar de trasladar a unos cuantos marañones, un montón de desencontraos y una pandilla de requesounderos de bar en bar, buscando uno con holgura suficiente para dar cabida a todos. En cada esquina perdíamos a alguno. Pero luego volvíamos a encontrarlo, claro.

Otro de los objetivos que teníamos Wito y yo era conseguir reunirnos con Borja, que llevaba su propia pandilla, sin perder la nuestra. Recuerdo ir en un taxi con Wito mientras él hablaba con Borja para saber por dónde andaba y verlo de pasada en la puerta de un bar con el teléfono en la oreja y saludando. Total, que sí, finalmente hubo mini-encuentro liZtero en toda regla, como atestigua la foto que alguien nos hizo con la cámara de Borja (falta Txus, aunque también andaba por allí, pero es que últimamente se prodiga poco por la liZta):



Luego la gente se fue despidiendo poco a poco, y al final nos quedamos unos cuantos (incluido prácticamente todo el sector gallego del Desencuentro, claro) tratando de encontrar un lugar decente para seguir disfrutando de la noche. Cuando, después de una búsqueda infructuosa, descubrimos que la única opción era esperar media hora en la calle hasta que abrieran un garito nocturno pero mañanero, tomamos un camino. Guiados en esta ocasión por Ragtime Willie (Wito se quedó esperando con los gallegos), que se alojaba en el mismo hotel que nosotros, y que puso a prueba nuestra fe mientras nos llevaba callejeando por todo Bilbao, conseguimos llegar a nuestras habitaciones.

Al día siguiente, era de día. Y, como somos animales y de costumbres, volvimos al bar de los toneles, que nos había gustado.



Y pa la casa.



Con la imprescindible parada para comer, claro.





Aunque volvimos por Valencia, no nos perdimos los famosos molinos de viento manchegos.



Y, ya de noche, llegada al hogar, reparto de personas, descarga de instrumental, abandono de furgoneta, espera de taxi, y a dormir. Hasta la próxima.




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Los Marañones en Sol 49, Aranda -- 5 de diciembre de 2008 


Nos despertamos en Madrid y Rafa abre la oficina.



Desayuno callejero entre carga y descarga, y al atasco.



El momento más frío de todo el viaje.



Y llegamos a Aranda, en pleno ataque jotero carloyano, justo a tiempo para comer y beber.



Después de montar y probar sonido, la gente de las Bodegas Neo nos invitó a visitar las mismas.







Si en el restaurante habíamos firmado un plato, como es costumbre, aquí firmamos todo un barril.



En el estudio de grabación que hay en la bodega nos reencontramos con nuestro amigo Tachín, que está trabajando allí y Carlos aprovechó el piano que hay a la entrada para repasar algunos cánticos tradicionales dedicados al vino.



Cánticos que luego introduciría subrepticiamente durante el concierto en Sol 49, del que de momento no tenemos fotos (la cámara la dejé en el hotel después de la visita a la bodega). La gente, que en general no conocía al grupo, parece que lo pasó bien porque al final insistieron en que volviéramos a salir. Antes habían actuado Grey, con Pedrín de invitado en una de las canciones.

El repertorio, prácticamente el mismo que en Madrid: "Las manzanas del mal", "Atrapado", "El baile", "La memoria del extranjero", "Cruzando las galaxias", "Extraña familia", "Mi gato se llama Persona", "No soy yo", "Saluda al tren", "No te tengo", "Muy buenas horas", "El final", "Mi amor es para Luci", "Sexy Dream", "Mi guitarra quiere matar a tu madre", "El mundo al revés", "Fuera de límite", "Shangri-La" y "Hey! Bo Diddley", con "Siete mares" y "Voy loco mama" de regalo, y "Cinnamon Girl" de bola extra.

Después del concierto y algunas partidas de futbolín, Jorge Quiroga nos hizo una foto debajo de un retrato de Manolete. Si no entendí mal, toda la decoración del local, que nos gustó bastante, la había hecho un artista mexicano que había pasado una temporada por allí.

Excepto la bodega, prácticamente todo lo que vimos en Aranda estaba casi en la misma calle, así que resistiendo la tentación de hacer un alto en algún otro local, nos vamos directamente al hotel, que mañana tenemos que estar en Bilbao.

Continuará...


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Los Marañones en La Pequeña Bety, Madrid -- 4 de diciembre de 2008 
El equipo para la ocasión, por orden de aparición: Rafa, gestión y comunicación, yo mismo, bajo, coros, fotos y manejo final, Miguel, guitarra, voz y manejo, Pedrín, batería y coros, Carlos, teclado, manejo y folklore, y Javi, sonido y manejo.



Recogemos la furgoneta, y nos vamos a recoger a los demás, poco a poco. Primero, Pedrín:

Después, Carlos:

Y finalmente, Javi:

Y pa Madrí, atravesando La Mancha.


Llegamos a la capital en pleno atasco navideño diciendo barbaridades pueblerinas al estilo Martínez Soria, para que nadie se piense que somos de aquí:


Y directamente a La Pequeña Bety, a montar y a probar sonido.


Luego al hostal, donde dejo la cámara y de ahí a ver si podemos encontrar dónde cenar algo en un sitio que nos han dicho, pero que está muy lleno, así que vamos a otro que hace esquina. Me ofrecen una invitación para no sé qué bar de copas en una acera estrechísima mientras una pareja intenta pasar en dirección contraria y para esquivarla hinco la rodilla derecha en un pedazo de mobiliario urbano cuyo nombre desconocía en ese momento pero del que he tenido ocasión de acordarme con frecuencia desde entonces. Bolardo.

Entre ayes consigo llegar al bar de la esquina, donde me arrincono como puedo entre una columna y una mesa con mi dolor y las sevillanas que suenan por los altavoces. Llegan las cervezas y algunos amigos. Hola, Celia. Hola, qué tal. Pues ya ves, me acabo de dar un rodillazo en una cosa de ésas que ponen para que no aparquen los coches. Ah, un bolardo. Qué daño. Pues sí. Hola, Paco, ¡cuánto tiempo! ¡Un abrazo! Aquí mi señora. Hola, qué tal. Nada, acabo de clavarme una cosa de ésas de las aceras en la rodilla. ¿Un bolardo? Eso. Ay.

Entre sevillanas y Cruzcampo se nos pasa el rato y volvemos a la sala, que hay que tocar. La pequeña Bety es, como su propio nombre indica, pequeña, así que estamos como en familia, como entre amigos. Sobre todo porque estamos entre amigos, vaya. Hola, qué tal. Hombre, cuánto tiempo. Hola, Hendrik, tocáis luego aquí al lado, ¿no? Anda, tú debes ser nuestra amiga Conchi. Y esto debe ser una pandilla de liZteros. Efectivamente. Es lo que tiene la Internet, que sin habernos visto nunca en persona, ya es como si nos conociéramos de toda la vida. Tú eres Javier, aquí tu señora, Mª José, y tú, Jesús, qué gusto conocerte, después de tanto tiempo. Tú no tienes más remedio que ser óZcar, porque eres el único que queda y porque eres clavadito al que aparece en tus fotos. Por supuesto con ellos está ni más ni menos que Carlos Formby, el Creador, al que ya tuve ocasión de conocer hace unos cuantos años, en un concierto en algún lugar de Jaén (concretamente, hace siete años, en Campillo de Arenas, vaya). Abrazos de oso y hasta luego, a ver si podemos vernos un ratico después del concierto.

El concierto, bien, gracias. O, como dijo Jesús Avello en mensaje a la liZta al día siguiente:

Concierto familiar, 30- 50 pax.Se nota de entrada que estos señores no llevan 4 días juntos. Todo bien conjuntado y empacado. Buen sonido y caña, mucha caña; lástima la acústica del local que sólo te permitía oir con nitidez en frente de grupo, lo que convertía la caña en tralla. No es la primera vez que me pasa que en grupo que me gusta en disco se consolida una vez escuchado en directo. Muy buena selección de temas incluido su ya famosa versión de "Mi guitarra matará a tu madre" que como podéis suponer hizo las delicias de los lizteros allí reunidos, no sólo por que fue la dedicatoría de Román hacia nosotros sino por los solos de guitarra y teclados que estuvieron francamente bien.


El repertorio: "Las manzanas del mal", "Atrapado", "El baile", "La memoria del extranjero", "Cruzando las galaxias", "Extraña familia", "Mi gato se llama Persona", "No soy yo", "Saluda al tren", "No te tengo", "Muy buenas horas", "El final", "Mi amor es para Luci", "Sexy Dream", "El mundo al revés", "Fuera de límite" y "Shangri-La", con su "Hey! Bo Diddley" adosado. Y de regalo: "Mi guitarra quiere matar a tu madre", "Siete mares" y "Voy loco mama".

Entre otra gente también anduvieron por allí Javi, el 5º Enemigo, al que pronto volveríamos a ver en Bilbao, y ni más ni menos que el Fan, al que hacía tiempo que no veíamos. Y Álex, claro. Y nuestro Mariano, cómo no. Abrazos y besos. Fotos: aquí el reportaje completo de Carlos Formby, también en forma de vídeo; aquí algunas de las que hizo Javier Marcote; y aquí las que hizo Álex Calvo-Sotelo.

Después del concierto, nos vamos de concierto, que todavía igual pillamos algo de Los Deltonos en El Sol. De momento, me despido de los liZteros, porque parece que no se animan a continuar y están a punto de retirarse. Lástima. Me hubiera gustado tener más rato para charlar con todos ellos. Será la próxima. De momento, por lo menos ahí queda la clásica foto del encuentro liZtero:


No recuerdo quién la hizo, pero fue con la cámara de Carlos. De izquierdas a derechas: Mª José, óZcar, Román, Jesús Avelló, Carlos Formby y Javier Marcote.

Terminan los bises de Los Deltonos y empieza el movimiento. El problema: en Madrid los móviles son inútiles, porque no hay cobertura en casi ningún sitio. Hay que subir a la calle para pillar la onda. Y claro, nadie la pilla. Total, que Mariano se lleva a una parte de la pandilla a un local que creo anda cercano al bolardo que me había destrozado la rodilla previamente, mientras que Álex nos abduce a otros cuantos, nos mete en un taxi y nos lleva a su bar. Allí nos encontramos con nuestro viejo amigo Rafa, el del Flamingo.


Miguel y yo en el zulo del Contraclub en animada charla mientras Álex nos echaba una foto. A eso de las tantas.

Total, que de una forma u otra conseguimos salir de allí y llegar al hostal a tiempo de echar algún sueñecito antes de salir mañana camino de Aranda.

Continuará...


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1987: Frank Zappa Jazz From Hell (1986) 


Entre las compras de ese año hay mucha música africana: más King Sunny Adé, Fela Kuti, los Bhundu Boys, los recopilatorios de Soweto, e incluso el Graceland (1986) de Paul Simon. Y sin embargo, he preferido quedarme con este disco de Zappa, por lo que supuso de novedad en su momento. Nada que yo hubiera escuchado sonaba así, y desde el primer momento sabía que me iba a llevar tiempo aprender a apreciarlo en su justa medida. Y que iba a merecer la pena.

Como ya hablé largo y tendido del disco cuando lo de los 'discos del mes' de la liZta zappiana, a lo que dije entonces me remito: El disco del més, diciembre de 2001: Jazz From Hell.


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 25 de enero de 2004.)

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El álbum blanco en Tren de Sueños 
El próximo miércoles, 12 de noviembre de 2008, a la 1:00 h. de la madrugada, hora española --es decir, ya jueves, 13 de noviembre de 2008--, el Doctor Ross y yo, el anestesista, haremos un especial sobre el 'álbum blanco' de los Beatles, The Beatles (1968), celebrando su cuarenta aniversario, en Tren de Sueños, el programa del maquinista, Miguel Ángel Keaton.

Pondremos el disco entero y contaremos cositas, charlaremos y divagaremos, como es costumbre.

El programa se puede escuchar en directo aquí: Onda Regional de Murcia.

Mientras tanto, el martes, 11 de noviembre de 2008, a partir de las 18:00 h., seguimos con las tertulias de La radio se mueve, también en Onda Regional de Murcia.


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1986: Jonathan Richman And The Modern Lovers Rockin' And Romance (1985) 


Principales competidores: The Costello Show con su King Of America (1985) y Miles Davis con su Tutu (1986).

De Jonathan Richman y sus Modern Lovers me parece que tuve las primeras noticias viéndolo en televisión, no recuerdo qué programa (creo que fue en alguno de los programas herederos de Popgrama, pero no sé cuál, probablemente Musical Exprés). Quizá había oído algo antes, pero cuando vi esos vídeos de "The Beach" y de "Vincent Van Gogh" (que en realidad eran pases de diapositivas con imágenes coloristas que ilustraban las letras), y luego esas imágenes actuando junto a los Modern Lovers (en esa ocasión dos tipos con pinta de surfistas retirados que hacían palmas y coros detrás), me quedé enamorado del tipo. No sabía si tomármelo en serio o no, pero las canciones eran muy bonitas y era muy simpático.

Así que conseguí el disco, y bueno, no se parecía a nada. Sí, parecía música de los 50, pero no se puede comparar. He aquí a un tipo simpático que ha decidido cantarnos sobre las cosas que le gustan utilizando la música que le gusta. Nada más. ¡Y nada menos! La instrumentación consiste en Jonathan Richman tocando la guitarra (acústica generalmente y a veces eléctrica), acompañado de una batería minimalista y coros. No hay bajo (en su opinión el bajo hacía la música predecible).

Y bien, es difícil describir cómo son las canciones, porque en realidad es rock & roll, doo-wop, baladas, etc., escritas con un gusto envidiable y con una sinceridad y sencillez muy difíciles de conseguir. Y las letras...

El disco se abre con "The Beach", con frases como "La playa es una de las mejores cosas que hay, porque no se trata de lo que llevas, sino de lo que no", sigue con "My Jeans", una canción donde nos explica con detalle por qué le gustan más los Wranglers que los Levis. En "Down In Bermuda" asistimos al diálogo de Jonathan con una chica llamada Ellie, a la que le cuenta lo que le gustó de Bermuda una vez que estuvo allí. "The UFO Man" es, como era de esperar, la historia de un hombre que es un OVNI y va por ahí volando. "I Must Be King" es una canción de amor preciosa con una lógica implacable: "Puesto que ella es mi reina, yo debo ser rey". Seguimos con "Vincent Van Gogh", en la que Jonathan visita un museo de Amsterdam y nos cuenta sus impresiones sobre Van Gogh, a quien "le gustaba tanto la vida que tenía que hacérselo saber al mundo, le gustaban tanto los colores que tenía que enseñarlos". Seguimos con personajes y ahora vamos con "Walter Johnson", donde prácticamente recitando a capella nos cuenta algunas cosas sobre este jugador de béisbol de principios de siglo (XX). Bueno, y el resto sigue igual, entre "doom-doo-waps", "danga-danga-do-bee-do-bee-da-das" y "bumpety-bumpety-bumps", Jonathan nos habla de sus cosas, como en "The Fenway", donde nos habla del campo de béisbol de Boston junto al que nació, o en "The Baltimores", sobre un grupo vocal que le gustaba mucho (cantada al más puro estilo doo-wop). Y cierra con otra bonita canción de amor, "Now Is Better Than Before".

Pero, ¿de dónde sale semejante elemento? En plenos años 80, en mitad de la invasión de sonidos electrónicos, con el after-punk en pleno apogeo, llega este hombre a explicarnos lo feliz que es y lo bonita que es la vida con sus pequeñas cosas. Y encima te lo crees. Pero no era ningún recién llegado, claro. Seguidor acérrimo de The Velvet Underground en los años 60 (terminó escribiendo una canción explicando por qué le gustaban tanto cuando les seguía por todo el país, claro), creó sus Modern Lovers a mediados de los 70, y con ellos grabó unas cintas producidas por John Cale y otras producidas por Kim Fowley. Aunque no aparecieron en su época, el grupo pasó a la historia como uno de los precedentes de los sonidos punk. Eran realmente sucios y muy avanzados a su época. Pero poco después, tras una reveladora visita a Bermuda (la que cuenta en la canción de antes), Jonathan rehizo el grupo y se fue acercando cada vez más al estilo de este álbum, simplificando su sonido y sus canciones cada vez más, hasta llegar a lo esencial. Mientras, a su alrededor, la gente comenzaba a complicarse mucho la vida, en algunos casos siguiendo su estela (su "Road Runner" fue versioneado por los mismísimos Sex Pistols).

He tenido ocasión de verlo en directo unas cuantas veces, y es todavía mejor que en disco. En general, él solo con su Fender Stratocaster (a la que por supuesto dedicaría una canción), cantando, contando y zapateando, y llenando el escenario como nadie. Últimamente le ha dado por cantar cada vez más en español, que es un idioma que le gusta mucho (¡aunque yo prefiero que siga cantando en inglés, que se le da mejor!), y se hace acompañar por el batería Tommy Larkins. Con él se le puede ver en la película Algo pasa con Mary (Farrelly Brothers, 1998), donde ejerce de músico comentarista.

Y ahí sigue, sacando disco tras disco, contándonos sus cosas, y haciendo giras sin parar para acercarse a sitios que le gusten (una de las últimas veces que pasó por Murcia estaba enfrascado en una "gira gastronómica", organizada para ir a sitios de cuya comida le habían hablado bien). Aquí hay un comentario de la última vez que pasó por aquí.


(Enviado originalmente a la liZta el domingo, 25 de enero de 2004.)

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