Recojo a Rafa y salimos hacia Granada. Los coches ya los llevamos cargados con lo que hay que llevar (que no es mucho: esta vez no llevamos amplificador de bajo ni batería) y nos encontramos con Carlos y Pedrín ya en Granada, en una rotonda, buscando la carpa. Cuando llegamos a la susodicha carpa nos están esperando Miguel, que tocó allí mismo hace un par de días con Bang!, y Marisa, a la que vimos por última vez en Chirivel y que es la que lo organiza todo.

Descargamos. Aparcamos. Montamos. Probamos.

Van apareciendo nuestros amigos y parientes granadinos.

Entre otros el arqueólogo Manuel (Pedro, marañón original, también asentado en Granada, ha tenido que ir a Murcia, así que nos hemos cruzado por el camino), mi sobrino Diego con Ro y otra amiga muy simpática, y Milena, la sobrina de Miguel, con su pandilla.

Hoy no es uno de esos días en los que vamos a aprovechar para hacer turismo: picamos algo en el mismo camerino de la carpa y nos subimos al escenario a tocar. Le paso la cámara a mi sobrino.
Ya en el escenario, pregunto a los presentes si han visto alguna película (por aquello de que el concierto es parte del FIJR), pero sólo obtengo como respuesta miradas desconcertadas.

El repertorio: Las manzanas del mal, Mr. G, Cándido, La memoria del extranjero, Cruzando las galaxias, Mi gato se llama Persona, Tipos raros, Mi amor es para Luci, No soy yo, Para decir adiós, Shangri-La, No soy de aquí, Barrabás, Un tipo surrealista, El final, Atrapado, El baile, Fuera de límite, y Saluda al tren; el bis: Aquellos tiempos, Voy loco mama y Conozco la canción.


El fotógrafo y sus amigas.



Después del concierto, del que salimos muy contentos (nos habíamos quedado con la espinita de tocar en Granada después de que se suspendiera el concierto de Peluca & Bigote Tour en febrero, después de más de diez años sin tocar por allí), nos quedamos en la carpa charlando con la gente de por allí y disfrutando de la sorprendente calidez del camerino.
Finalmente decidimos que en Granada debe existir algo más allá de la carpa de la plaza del Humilladero, así que dejamos el equipo allí, que está seguro, y nos vamos al hotel, que está cerquita, a dejar las maletas y las bolsas. Miguel se queda a dormir, que ya ha cubierto su cupo granadino los días anteriores, y los demás nos vamos a un garito que se llama La Percha, donde ponen vídeos ingleses antiguos y música que está muy bien (aunque falta de graves, cosa que probablemente agradezcan los vecinos).
De allí intentamos ir a otro sitio, pero no funciona el GPS, así que paramos un taxi para volver al hotel. Le damos la dirección y el taxista nos dice que es que él no está muy puesto en calles y tal, que es su segundo día, pero que el nombre del hotel le suena y que nos lleva. Y nos lleva.
(Continuará...)
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