
Recuerdo la noticia: que Prince ha sacado un disco nuevo (como 'Prince'), que está muy bien, y que sólo se vende por Internet. Mecachis. Ya estamos, y ahora, ¿qué? Sus últimos discos (se llamara como se llamara) me habían gustado mucho, y decían que éste era todavía mejor, así que había que buscar una forma de hacerse con él. Finalmente conseguí encontrarlo en un Fnac a un precio abusivo, pero claro, en estos casos, nunca se sabe, porque si el tipo dice que va tan de independiente que no quiere saber nada con las distribuidoras, quizá no se vuelva a ver el disco por ninguna parte, así que hay que aprovechar la ocasión. Por supuesto, al cabo de unos meses el disco estaba en todas las tiendas y a un precio razonable. Demasiado tarde.
Realmente no me interesa mucho todo el asunto de los "niños del arco iris" con un "buen entendimiento de Dios y su Ley" que van a ponerse, así porque sí, a hacer su "trabajo", ni me importa lo más mínimo que el genio de Minneapolis se haya convertido en una especie de profeta o yo qué sé qué. No sé si va en serio o si va en broma, pero me da igual, porque a mí lo que me gusta de este hombre es su música.
Y a pesar de la voz del "profeta" que nos va mandando sus mensajes como si de un vulgar "Escudriñador Central" se tratara, la música fluye de un modo excelente. Comienza con la extensa "Rainbow Children", con aires de jazz y una guitarra limpia que vuelve a recordarnos lo buen instrumentista que es (el artista que ahora podemos seguir llamando) Prince. Unos solos de saxo llenos de swing y unos coros que van subiendo y subiendo, hasta que hacia el final la música para, y la canción se transforma en otra cosa igual de interesante, con unos solos de guitarra sucia (bueno, no tan sucia). Esto marca el camino del disco: una instrumentación cercana al jazz (con un excelente John Blackwell a la batería, y una sección de viento muy engrasada), unas canciones muy bien trabajadas, unas voces perfectas, y cómo no, toques funky para hacer el "trabajo". Y por encima de todo, Prince dando guitarrazos de todos los modos imaginables: igual parece Joe Pass que Jimi Hendrix o Pat Metheny, y no se despeina.
Además las canciones están muy bien, cumpliendo con los niveles de calidad que se le deben exigir al muchacho a estas alturas: sabe ser pop, funky, soul o incluso heavy como nadie. Uno de los mejores discos de Prince, y una sorpresa a estas alturas. Quizá el mayor defecto que se le pueda encontrar es que suene demasiado clásico: podría haberse grabado en los años 70 (tiene auténticos momentos de jazz-rock y de ¿rock sinfónico?) y no se notaría mucho la diferencia. Todo suena un poco a conocido, ¡pero está tan bien hecho! Y al fin y al cabo se trata de música, y eso se supone que es atemporal.
(Enviado originalmente a la liZta el miércoles, 18 de febrero de 2004.)
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