
Por esta época ya empezaba a comprar más discos, y la cosa comienza a ponerse complicada para elegir. Ese año me hice con Wings Over America (1976) (en Reyes, cómo no: otro triple beatleliano. ¿Se escribe eso así?), y con The Lamb Lies Down On Broadway (1974), de Genesis (otro disco con historia incluida, y también traducida en la edición española). También cayeron el Band On The Run (1973) de McCartney & Wings, que me regalaron para mi cumpleaños entre varios amigos (así éramos de pobres), el Aqualung (1971) de Jethro Tull, versión sin censura, que me trajeron de Inglaterra unos tíos, e incluso el Mothermania (1969), mi primer disco de Zappa, que le compré a un amigo ese año (después de habérselo pedido prestado una y otra vez durante meses). Pero definitivamente y sin dudarlo me quedo con el Blonde On Blonde (1966) de Bob Dylan. Y eso que ese mismo año me compré algunos de mis otros discos favoritos de Dylan, como Street Legal (1978), The Freewhelin' (1963) y sobre todo Blood On The Tracks (1975).
Yo quería tener el Blonde On Blonde desde que me leí el libro sobre Dylan que había escrito Jesús Ordovás, pero era difícil de encontrar. Lo pedía a las tiendas de discos y lo buscaba cada vez que salía de Murcia. Mi impresión es que lo busqué durante años, pero evidentemente el tiempo pasaba despacio en esa época, así que seguramente fueron sólo meses. En cualquier caso, todavía recuerdo bien cuando lo conseguí y vi esa foto borrosa de Dylan con su abrigo. Había que abrir el disco para verla entera, ¡qué idea!
Llevaba las letras (en un inglés todavía bastante ininteligible) y una hoja interior con comentarios de críticos españoles sobre el disco. A destacar un comentario de Constantino Romero (supongo que será el mismo que luego se haría famoso doblando a Clint Eastwood y Darth Vader antes de convertirse en presentador de concursos televisivos) diciendo cosas como: "En este álbum Dylan no es ni insultantemente simple ni decepcionantemente complejo".
Y al abrirlo esas fotos en blanco y negro y esos aires de 'auténtico artista' que gastaba el de Minessotta en esos tiempos, con esa cara de mal humor y esas miradas que atraviesan la cámara. Vaya personaje.
De este disco en realidad se ha hablado ya tanto que poco más se me ocurre para decir. No hay ni una sola canción que no me guste, o que me sobre. Es uno de esos discos donde hay canciones apropiadas para cada momento. Desde la belleza simple de una canción perfecta como "I Want You", la descarnada "Just Like A Woman", o la enamorada "Sad-Eyed Lady Of The Lowlands", hasta la diversión pura de "Rainy Day Women #12 & 35" o "Leopard-skin Pill-box Hat", pasando por cosas enormes como "Visions Of Johanna" o "Memphis Blues Again", o bromas como "4th Time Around" (parodia del "Norwegian Wood" de los Beatles), auténticos blues como "Pledging My Time" y "Obviously 5 Believers". En fin, pasaría horas y horas hablando de este disco, surrealista y ácido como pocos. Siempre me viene a la cabeza cuando pienso cuál sería mi disco favorito de todos los tiempos, pero nunca me decido a asegurarlo. Ahora bien, si me pongo a escucharlo...
(Enviado originalmente a la liZta el jueves, 15 de enero de 2004.)
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