Martes, 7 de diciembre 1993
La Vanguardia

Muere el legendario músico Frank Zappa

LOS ÁNGELES/BARCELONA. Redacción

Barcelona 1988
El músico norteamericano, durante su último concierto en Barcelona en el Palau d'Esports (Jordi Soteras/Archivo "La Vanguardia")

Frank Zappa, una leyenda en la música popular de la última mitad de siglo, murió el pasado sábado en su casa de Los Ángeles. El virtuoso intérprete de la guitarra y mordaz compositor de canciones, tan divertidas como críticas, falleció a causa de un cáncer de próstata. Tenía 52 años.

"Frank Zappa partió para su última gira el sábado, un poco antes de las seis de la tarde", decía un breve comunicado familiar hecho público el domingo por la noche. El músico estuvo hasta el último momento rodeado de Gail, su mujer, y sus cuatro hijos, Moon Unit, de 26 años, cantante y "disc jockey"; Dweezil, 24 años y músico como su padre; Ahmet, 19 años, y Diva, de 14. Zappa fue enterrado el domingo en una ceremonia privada.

Zappa consiguió gran notoriedad en los ambientes contraculturales en los primeros años sesenta como líder de la inclasificable banda Mothers of Invention. Y desde entonces, con su banda o en solitario, acercándose con total libertad a todos los géneros musicales —rock, jazz, música contemporánea o serializada—, ha grabado más de cincuenta LP's.

Grabaciones como "Freak out" (1966), "We're only in it for the money" (1967), "Hot rats" (1970) o "200 motels" (1971) fueron hitos en la evolución del rock durante los años sesenta y setenta. En 1987, ya decantado hacia estilos musicales diferentes, el músico ganó un premio Grammy por su disco "Jazz from hell". Desde los primeros años ochenta, el compositor había estado cada vez más influenciado por la música de clásicos como Stravinsky, y por la música contemporánea de creadores como Varese y Penderecki.

Aunque el compositor había estado luchando contra la enfermedad durante largo tiempo, lo cierto es que ha permanecido activo hasta prácticamente el último momento. Este mismo año había lanzado el álbum "Yellow shark" y tenía a punto para su lanzamiento un nuevo trabajo, "Civilization: phaze III", que según está planeado aparecerá la próxima primavera. Zappa, considerado por muchos como un genio, había mostrado en numerosas ocasiones su desinterés respecto a la posteridad. "Ni siquiera es importante ser recordado", aseguró en una entrevista el pasado mes de mayo. "Los que se preocupan acerca de cómo serán recordados son gente como Reagan, Bush... A mí no me importa lo más mínimo", añadió.

Aunque su fama entre la audiencia rockera residía en su virtuosismo como guitarrista y como cantante, en los conciertos no dudaba en sacar su batuta y dirigir a su banda en sus elaboradas y poco convencionales piezas. Y aunque su música apenas se escuchaba en las emisoras, sus mordientes letras y sus insólitas piezas musicales mantienen un nutrido grupo de admiradores en Estados Unidos y siguen ganando adeptos en todo el mundo.

Mensaje de Havel

Uno de sus más fervientes admiradores es Vaclav Havel, el dramaturgo y hoy presidente de la República Checa, quien ayer se declaró "profundamente conmovido" por la desaparición del artista en un comunicado oficial. El presidente, que incluso quiso nombrar al artista embajador itinerante de cultura, asegura en su escrito que Zappa "ayudó a formar la sensibilidad de la generación a la que pertenezco".

En su faceta de compositor de canciones, sus letras, como dardos envenenados, apuntaban a todos y a todo: desde el presidente hasta los homosexuales, desde la industria musical al sistema educativo. Nada "era indiferente a su sátira. Sus víctimas podían ser desde los padres escandalizados por sus letras hasta los telepredicadores o, incluso, el reverendo Jesse Jackson, una de sus víctimas más sonadas. Como también lo fueron la mujer del entonces senador, y hoy vicepresidente, Al Gore, cuando, junto con la esposa del entonces secretario de Estado, James Baker, pidió que las grabaciones de rock fueran marcadas con una etiqueta según lo ofensivo de su contenido para los jóvenes.

"Una vez me preguntaron si no debía ser más sutil en mi visión de las cosas... —explicaba Zappa en una entrevista reciente—. Con el nivel de lectura y de escritura que tenemos en Estados Unidos hoy en día, es el momento de salir a la calle con un bate de béisbol."


Algo más que un artista de culto

Mingus B. Formentor

Frank Zappa ha sido tan original a la hora de abandonar este mundo como lo fue a la hora de retratarlo sonoramente. Nada de pistoleros, sobredosis o espectacular accidente; todo bien lejos de los patrones que consagra la hagiografía rockera. Un vulgar cáncer de colon diagnosticado poco más de un año atrás que se ha confirmado en su asesina condición de irreversible.

Zappa siempre ha reservado lo extraordinario para su vida artística, para el escenario o para el vinilo. Siempre consideró mucho menos interesante, estimulante y creativa su privacidad. Y nadie sensato osará ponerlo en entredicho. Prácticamente imposible imaginar en el plano de la vida privada una materialización única, irrepetible, inequiparable, la que en el planeta del rock impuso Zappa con su personalidad desde los mismos comienzos de su desbordante carrera.

Ha sido un artista incómodo e incontrolable para su tiempo y su campo de actividad. Ha sido, pues, uno de los verdaderamente grandes. Quienes osan descalificarlo o menospreciarlo por grosero, procaz, crudo, desafiante, pornográfico, amoral o libidinoso confunden el chascarrillo gorrino con la literatura de Henry Miller, sitúan en parejo nivel el mal gusto que impregna un opúsculo bien afamado en nuestra cultura nacional como "Les virtuts del cagar" y la sublimidad literaria de la obra de Rabelais. Y, mis queridos y pazguatos censores, les podemos asegurar que se trata de entidades esencialmente diferentes.

La obra de Frank Zappa lo es. Diferente y espléndida, ubérrima y torrencial, multimórfica y comunicativa, sofisticada y comunicativa: una obra mayor en la historia del siglo XX. Que nadie frunza el entrecejo para insinuar escepticismo o perplejidad. Lo único que quedará de manifiesto es cuan poco conoce en realidad sobre el tema, cómo los árboles ocultan el bosque.

Frank Zappa es el único artista procedente del ámbito del rock que aparece biografiado en las mejores enciclopedias y diccionarios de música entendidos al clásico modo. Stravinsky, Ravel, Varese son nombres con los que se asocia; Boulez y Metha han dirigido su música; filarmónicas y conjuntos contemporáneos experimentales no son extraños al mundo sonoro zappiano. Eso sería la huida por arriba, la consagración culterana. Casi siempre a regañadientes, pero consagración al fin y a la postre.

Frank Zappa ha sido algo más que un artista de culto, entidad semántica de honda raigambre en la teoría de la cultura de masas. De hecho, Zappa es quien inaugura en el mundo del rock la especie, él es quien genera por sí solo ese interesante mutante. Y con Zappa llega no sólo el culto, las iglesias rockeras monoteístas, sino también el disco conceptual, la proliferación del pirata, el creador salido y autosuficiente. He aquí su huida por la izquierda.

Docenas de libros, miles de artículos, centenares de fanzines, decenas de sociedades zappianas, sus degustadores corresponden en prolijidad a la desbordante creatividad del músico. Tiene madera natural de mítico. Se le puede abordar por su música (raramente discutida), por sus textos (raramente aceptados), por sus escenografías (raramente comprendidas), por su idiosincrasia personal (raramente desvelada).

Frank Zappa es un verdadero genio de la cultura de masas que ha alcanzado tal estatus sin la aquiescencia de estas. Un caso bien atípico, con toda probabilidad irrepetible. Pero no lo duden, el estudio y disfrute de su obra se prolongará por décadas. Nada, o casi, le ha sido extraño (sinfonismo, electrónica, rock, jazz, pop, Tin Pan Alley). Todos, o casi, le han visto extraño, le han querido ver extraño. El inquieto extravagante ha logrado poner de los nervios a la propia clase política norteamericana con su consecuente freakismo. Sin necesidad de enmendalla, Frank Zappa acaba de retirarse definitivamente.

Quizá descansen algo más aliviados todo tipo de fundamentalistas religiosos, morales, políticos y sexológicos. Pero no olviden que "Joe's garage" o "Sheik Yerbouti" siguen ahí. Como seguirá gente que usará del mal gusto de un modo deliberado para poner al descubierto falacias sociales francamente más lesivas. Y si lo hacen con auténtico poder creativo, como Francis Vincent Zappa, deberá rendírseles la pleitesía artística que merecen. Cincelar una obra en libertad, asumir ante el espacio vacío el corazón y el cerebro de un "Freak" Zappa por siempre más será una tilde de honor. Con tus músicas nos quedamos, jodido maestro.


Zappa, uno de los compositores más mordaces de la música popular

Personalidad lúcida y cambiante

Las madres

LAS MADRES

Frank Zappa fundó The Mothers of Invention (Las madres de la invención), el grupo con el que dio a conocer su estilo sarcástico, ácido e irrespetuoso con todo y con todos. Discos como el "Freak Out!", la parodia del "Sargeant Peppers" de los Beatles en "We're only in it for the money" ("Estamos en esto por dinero") le dieron una relativa popularidad en los años sesenta y setenta.

LA POLÍTICA

La política

La enfermedad hizo desistir a Zappa de su deseo de presentarse a las elecciones presidenciales. Odiaba a los partidos pero confiaba en las personas. Y no perdía ocasión de demostrarlo, como en aquella ocasión en que el Senado de su país le convocó para oír su opinión respecto a la conveniencia de etiquetar los discos de rock para avisar a sus presuntos compradores de su posible contenido procaz. Zappa se opuso.

ÚLTIMO DISCO

Tiburón amarillo

Se llama "Tiburón amarillo" y lo estrenó en Francfort. Es una suite orquestal que toma su título de una tabla de surf tallada en forma de tiburón que contiene fragmentos con nombres tan sugerentes como "Tornado en el punto G" o "Times Beach", en alusión a una playa contaminada con dioxina en 1983. Es música contemporánea. Zappa daba la espalda, definitivamente, al rock. "Tengo 51 años y no volveré a hacer nunca una gira de rock, del mismo modo que no pienso grabar nunca más un disco de pop", declaraba el artista poco antes del estreno de su obra. Sus palabras fueron premonitorias.

LA CARA SARDÓNICA DE EE.UU.

Zappa

El pelo largo, los bigotes caídos bajo su larga nariz y una perillita bajo la boca eran sus marcas de fábrica. Y, siempre, una sardónica sonrisa en su rostro. El músico, que inició sus estudios musicales clásicos a los 12 años, debutó en el 58 con la banda del Captain Beefheart. En un tiempo en que los músicos de rock tenían la pretensión de cambiar el mundo, Zappa fue uno de los primeros en utilizar la ironía y la burla como su arma más querida. Quiso ser lúcido con humor, como demostró incluso en la película "200 Motels", rodada en 1971 por él y que se convirtió en un ataque frontal contra el "estilo americano de vida".

LA ORQUESTA DEL MUNDO

La orquesta del mundo

Zappa propuso en 1989, al entonces alcalde de Madrid Juan Barranco, la creación de una orquesta del mundo y de un centro artístico multidisciplinar a imagen y semejanza de la legendaria Bauhaus. Ambos proyectos nunca llegaron a materializarse. La orquesta del mundo debía haberse presentado por primera vez en la Expo de Sevilla y tenía que estar formada por instrumentistas clásicos y tradicionales.


La confesión que acrecentó mi respeto

Albert Mallofré

Que Frank Zappa era un músico de gran alcance ya se iba afirmando a cada nuevo disco suyo —y se confirmaba de lleno en sus conciertos—, pero a mí, como individuo, me había parecido siempre mucho más atractivo de lo que daba a entender su propia publicidad. Es decir, que uno se retrate en el inodoro en higiénica disposición de defecar saludablemente y que de semejante privacidad se elabore un cartel publicitario de difusión mundial masiva parece poder deducirse la intención de apuntar a determinado tipo de público sensible a manifestaciones culturalmente sediciosas y socialmente insolentes. No obstante, Frank Zappa estaba realmente muy por encima de sus propios ardides publicitarios que, según me confesó un día en conversación "téte-á-téte", en el antiguo hotel Manila, eran sólo artificios para llamar la atención.

"En el campo de la música, lo que a mí me llena realmente —me confesó— es tocar jazz con un pequeño 'combo' en un club de esos, ante unos cuantos aficionados que participen realmente de la música a corta distancia, 'cuerpo a cuerpo' como se dice en términos bélicos, y eso es verdaderamente lo que hago, de vez en cuando, para mi propia satisfacción. Pero es una satisfacción limitada, que termina en sí misma y no da para vivir. Luego, ¿qué puedo hacer? En mi primera juventud intenté formar una orquesta de jazz para actuar en giras y en grandes espacios, ante la mayor cantidad posible de gente, pero los objetivos no se alcanzaban porque los músicos se limitaban a tocar, de manera muy estática y pretendían incluso hacerlo sentados y leyendo partituras. En un tiempo en el que lo visual es tan importante como lo sonoro, la imagen que daba la orquesta era inviable para actuar frente a grandes auditorios y, lógicamente, el público se aburría mucho o no venía. Yo mismo me sentí defraudado y decidí deslizarme hacia el rock desenfadado, procurando llamar la atención por todos los medios. Y si a veces exagero, si la desenvoltura formal se puede tomar como desfachatez es, conscientemente, como una reacción, porque sigo defraudado. Porque no es justo que para hacerse escuchar de la gran masa juvenil se tengan que hacer astracanadas, especialmente porque no son los jóvenes quienes exigen realmente estos reclamos extravagantes, sino los mecanismos por los que se les vende la música que consumen."

Fue a raíz de esta confesión, inesperada aunque no sorprendente, cuando maduró mi respeto por Frank Zappa.

 

donlope@ono.com
2015-08-15