Los cuentos de la abuela

Truc
Vibraciones nº 55, abril de 1979, pp.17-19

Al cabo de los años la Madre Zappa, la Abuela Zappa regresó. Un éxito rotundo. Y eso que más que tocar lo que hizo fue amenizar, dirigir la orquesta que llevaba a sus espaldas. Pero, quizás, mejor pasar directamente el comentario del concierto y a la entrevista que conseguimos mantener con él, la Abuela.

Pasa siempre igual. Estás bien instalado, en el Palacio de los Deportes de toda la vida. Y estás pensando —¿Cómo va a salir el Zappa ahora? Hasta que no lo veo allí arriba no me lo creo, aunque... no sé por qué habían traído tanto equipo... pero igual el tío se ha caído en la escalera del hotel y no puede tocar... sin embargo...

Y sale el Zappa!! De abuelita, con moño, bata y bigote. Acaba de salir de la rueda de prensa: allí se le habían visto las intenciones, sus pocas ganas de hablar y esa necesidad de comunicar con el público que me comentó luego: "Yo no creo que haya diálogo posible con individuos, cuando se trata de una relación músico-oyente. En ese tipo de relación, la única comunicación positiva se establece con una agrupación de individuos, pero de individuos que, por estar expuestos colectivamente a la música, no reaccionan como individuos, sino como público, como una masa homogénea. Allí es donde puede empezar una comunicación auténtica."

Y si alguien pone sus ideas en práctica, es Zappa, y lo demuestra. Los primeros compases dejan al personal atónito. Es "Dead Girls of London", rock & roll puro, furo, con un sonido perfecto; la banda se ve muy compacta, Zappa piensa que es la mejor que haya tenido nunca. No destaca ninguna individualidad, como lo hicieron George Duke o Jean Luc Ponty cuando iban de Madres por la vida.

Sin embargo, los tres guitarristas, que le acompañan y llevan gran parte del increíble trabajo vocal, se impondrán a lo largo del concierto como las tres figuras más destacadas de la banda. IKE WALLIS, un negro inmenso, le da a la rítmica y comparte con Zappa la mayor parte de los "lead vocals". DENNY WALLY, que recuerda irresistiblemente a Howard "Flo and Eddie" Kaylan (Gordo, mucho pelo rubio rizado, gafas de astronauta, zapatos italianos años 30 y bata blanca; pinta de científico loco) hace mucha rítmica también y algún que otro solo que le deja el Maestro, punteando con fuerza y precisión, en un estilo que recuerda al de... Frank Zappa, of course.

El tercer guitarrista, WARREN CUCURULLO, está a la izquierda del todo, veintidós años, bajito, vestido de raso y gafas aerodinámicas, da el toque "punky" a la banda, cosa que le va en cantidad al Zappa, muy interesado en la New Wave. El Warren es el típico chaval que se tiró cinco años siguiéndolo por los States, como un fan más, pero un fan que tocaba todas las canciones de Frank y podía reproducir todos su solos de guitarra nota por nota y ... acabó por incorporarse a la banda hace dos meses; está más feliz que nadie en el grupo, pasándose la vida con un cassette y toda la música de Zappa a cuestas escuchando seis veces el mismo solo. Un fan; vamos eso, un fan que Zappa destaca cuando presenta a los músicos, dejándole luego llevar casi todas sus partes de guitarra. Y de verdad, el Warren suena más a Zappa que el propio Frank...

Mientras tanto, él con tanta guitarra por detrás y una fuerza rítmica apabulladora (bajo, batería y percusión), empezó el concierto con la Gibson colgada, pero se la quitó rápidamente para cambiarla por la batuta, dirigiendo, de espaldas al público un grupo que sonaba a orquesta sinfónica, no por intentar imitar a Mahler o Beethoven, sino simplemente porque los teclistas hacían sonar la cuerda y el viento como si hubiese sesenta músicos en el escenario.

Así se lo montó, transformándose en director de orquesta después de haber empezado como guitarrista-líder de banda de rock & roll. La música se iba transformando, también, en una larga suite de hora y media que incluía, mezclados y reinventados, trozos de "Twenty Small Cigars", "Beaches in Regalia" y largos momentos de "Uncle Meat". Los teclados iban cogiendo más importancia; las partes vocales recordaban cada vez más a Webara, Penderecki y Varese, sus más claras influencias junto con Stravinsky. allí es donde se echó de menos a RUTH UNDERWOOD y su virtuosismo percusivo que ED MANN, el baterista de turno, no pudo hacer olvidar. Sin embargo, el grupo funcionaba como una increíble máquina, dejando al respetable (y respetado) sin aliento.

Zappa, mientras tanto, seguía sentado delante del escenario, sin guitarra, ni batuta, ni micrófono, contactando con el público mediante gestos y fluidos movimientos de manos, a veces sin moverse, disfrutando, escuchando SU banda tocando SU música. El tío está claramente en un momento cumbre de su vida creativa, con una confianza, un relajo, una concentración y una fuerza increíbles. Cuando le vimos en el Aeropuerto de Barcelona, donde esperamos tres horas el avión para Madrid, sentado en medio de un mogollón impresionante, escribiendo música sin enterarse de nada, ni ponerse nervioso, ni dar la paliza, nos quedamos muy impresionados por la fuerza del tío.

Y todos los que le vieron, tanto en Madrid como en Barcelona, montaron una bronca terrible cuando se acabó la suite y la banda salió al escenario. Se encendieron mecheros, cerillas y hasta velas; los tíos volvieron enseguida para tocar "Montana" y "Dirty Love"; o sea, volviendo al Rock & Roll, con una marcha, una velocidad y una precisión impresionantes. El Warren se marcó un solo alucinante en "Dirty Love" y ... se acabó. Salieron... y no volvieron.

Ha sido, sin duda, uno de los conciertos más fuertes que se han dado en España, el propio Zappa se sentía satisfecho de la reacción del público: "Los ingleses están embrutecidos, los franceses nunca sabes si te van a tirar flores o piedras, aquí la gente reacciona más directa, más sinceramente." Claro que se puede hacer alguna reserva sobre sus límites técnicos como guitarrista y sobre todo la ausencia del violín, que según Zappa fue debida a la imposibilidad que tiene Shankar (ex-Shakti) para descifrar la escritura musical occidental. Sin embargo, fue toda una demostración de integración de la música contemporánea al rock & roll y viceversa. Y mientras gente como él siga haciendo este tipo de síntesis, habrá futura para la música que queremos.

A Zappa no le va eso de la prensa. Buen manipulador él mismo de los mass media, sabe hasta qué punto uno puede hacer decir a las palabras o las imágenes lo que quiere que digan. Sin embargo, esa noche que siguió a su actuación en Barcelona, estaba cenando y charlando con él, los dos solos (si no fuera por la presencia extra de su guarda espaldas, que ya había visto el año pasado siguiendo a Bob Dylan como su sombra). El hombre estaba muy relajado, disfrutando de la cena, con esa satisfacción que sigue a un concierto exitoso. Le acababan de traer cassettes: copias de la grabación de esa noche.

—¿Grabas todos tus conciertos y los escuchas luego?

—Sí. Siempre puede servir alguna base rítmica, o un solo de guitarra. Creo que esta noche hubo cosas buenas; el público respondió bien.

—¿Te gusta la banda que tienes ahora?

—Es la mejor que he tenido. Están muy compenetrados y la presencia de Warren les estimula mucho. Él sabe tocar casi todas mis composiciones, y esto empuja a los demás a trabajar más y aprender más canciones mías. Aparte de lo que tocamos anoche, tenemos ensayados unos veinte o veinticino temas más. Pero Warren sabe más aún, es su primera gira, está feliz y obliga a los demás a dar lo mejor. A ellos... lo que más les motiva es el cheque semanal...

—¿Y esa pinta de punky que trae Warren?

—Eso me gusta de todas formas, pero en el caso de Warren es otra historia. Tres días antes de salir a Europa, dijo que se iba a comprar ropa y vino con ese pendiente, los zapatos de tía y esa pinta. Fue como una transformación instantánea.

—¿Qué te parece la New Wave?

—OK, son OK. Hay un grupo que se llama B52, todas las casas andan locas para ficharles. Son muy buenos. Me gustaban Stranglers, y Devo son Ok.

—¿En tu grupo, no echas de menos a individualidades como has tenido en el pasado, un George Duke, por ejemplo?

—No, la banda es más coherente tal como está ahora. Son buenos músicos.

—¿Cómo los encontraste?

—Aparte de Warren; haciendo audiciones. Aunque Denny había tocado conmigo en el lp con Captain Beefheart.

—¿Qué pasa con Beefheart?

—No sé, hace tiempo que no lo veo. Sólo sé que ha vuelto a firmar con Warner, está loco, después de todas las putadas que le han hecho...

—A ti también, ¿no? Eso de "Studio Tan"...

—Ese LP no tenía que haber salido nunca. Luego sacaron otro en Estados Unidos que tampoco tenía que haber salido.

—¿Y Shankar, por qué no ha venido?

—Tiene un problema con la escritura musical occidental, que no sabe leer. Teníamos que tocarle nota por nota sus partes de violín, y él las iba anotando con su escritura propia. Empezó a ensayar con nosotros pero no podíamos trabajar así. Es una pena, es un buen músico.

Hubiera sido la segundo vez que Zappa compartía un violinista con MacLaughlin. Se lo digo y pregunto por Ponty.

—Cuando llegó, era un chaval muy majo, improvisaba mucho. Por eso le hice aquello de King Kong. Pero luego, en cada concierto, cuando veía que una frase de su solo hacía reaccionar al público, la marcaba en su partitura (dibuja una cruz en el aire). Al final de aquella gira, sus solos parecían los Grandes Éxitos de Jean Luc Ponty. Eran todos los trocitos que habían gustado al público pegados uno detrás de otro. Se ve que le va mucho el dolar. Shankar vale cien veces más músico.

—¿Y MacLaughlin, qué te parece su música?

—A él le conozco un poco, pero no lo escucho. No me gusta el jazz-rock.

—¿Qué música escuchas entonces?

—Varèse. Sobre todo Varèse. Es el compositor más importante de este siglo. Pasó de todo lo que se había hecho antes de él y se dedicó a hacer la música que ÉL quería hacer. Ese es un buen planteamiento. Aparte de Varèse, escucho a Webern y Stravinsky. Penderecki también.

—¿Bartok?

—Mentiría diciendo que le he escuchado y que no me ha influenciado. Pero ha hecho muchas cosas regulares, meras copias de Stravinsky.

Así es Zappa de tajante, contestando sin pararse a pensar. Parece tener las cosas muy claras y no necesita discursos para hacerse entender. Se le ha caído en parte esa máscara de frialdad que sólo le había visto quitarse en el escenario. Ahora tiene el ojo brillante, una pinta impresionante de intención, lucidez e inteligencia. El tío está relativamente abierto... a ver si tocamos sus puntos sensibles:

—Durante la rueda de prensa, pareciste muy poco inclinado a hablar con los periodistas, sobre todo de política, ¿te molesta el tema?

—Es que la política, los políticos y todo lo que les rodea sólo representan un derroche increíble de tiempo, dinero y energía. Cuando veo la cara de esos "assholes" pegada en tantos carteles por las paredes, me mareo. Los gobiernos no sirven más que para suministrarles drogas a los jóvenes y fastidiar a los demás.

—¿Son los gobiernos los que pasan droga? ¿crees?

—Estoy seguro de ello. Cuando vieron venir hace años una generación que no les salía conforme, se dedicaron a embrutecerla con drogas.

Nos quedamos un momento silenciosos mientras el gorila pide un postre. El tío parece cansado, meditabundo, se le ha apagado el ojo y está mirando al vacío. De repente se le enciende de nuevo la bombilla y me dice:

—He llegado a la conclusión de que la religión es la causa de casi todos los crímenes que se perpetran. Causa directa: fíjate en la cantidad de guerras provocadas por divergencias religiosas. Luego, causa indirecta: muchos crímenes y actos de violencia en general son consecuencia de una forma de pensar y actuar dictada por reflejos impuestos por la religión.

Se levanta, el gorila ha pagado la cuenta, le sigue y ya estamos en el coche. Frank quiere ir a una discoteca. Así lo hacemos y, de camino, le pregunto:

—¿Te gusta el rollo de las discotecas?

—Sí, es un sitio muy revelador. Allí la gente está como intentando dar una imagen de sí misma la más próxima posible a lo que le parece ser una imagen perfecta.

—¿Y aguantas la música disco?

—Bueno, no tiene nada que ver con la música. Cumple una función social. En dos horas en una discoteca, oyes tres discos que te gustan.

Así acabamos esa noche, en una discoteca, Zappa sin inmutarse mientras la gente le rodeaba como si vieran a una inexplicable aparición. Nos fuimos al cabo de un rato; él estaba cansado y nos despedimos en su hotel. Me dijo que volvería el año próximo. Con las dos anulaciones de vuelos de Iberia que sufrieron luego, gastándose toda la pasta ganada en España para alquilar dos jets, me extrañaría que quiera volver todavía. Parece que todos los elementos, naturales o no, de los cuales depende la satisfacción de todos, después de un concierto, no se pondrán de acuerdo nunca, ni para Zappa, ni para su público.

A ver si algún día...

 

donlope@ono.com
2015-08-15