Sinfín (La Opinión), nº 38/99, 26 de noviembre de 1999


LOS MARAÑONES EN EL TIBET

NUEVA ETAPA DE UNO DE LOS GRUPOS MÁS DESMITIFICADORES DEL ASTEROIDE MURCIA
Los Marañones
TEXTO: ÁNGEL H. SOPENA
FOTOS: PEDRO MARTÍNEZ

Después de dos años de haber hecho Matando el tiempo, Los Marañones publican un nuevo disco localizado en Shangri-Lá, un lugar fantástico, un valle de quimera en el Tibet entre las nieves eternas del Himalaya, donde el tiempo no pasa (lo mataron). Han pasado ya 13 años desde que empezaron su aventura equinoccial, y suenan ahora más frescos aún. Además han encajado el paso de los años y el cambio de las situaciones con optimismo. Quizás por eso han titulado su disco así, aunque una palabra como Ucronía también les habría servido. Los Marañones viajan por el tiempo con la soltura de esos héroes de las películas de Monty Phyton, dejando una sutil y constante huella. Ahora vuelven a tener la moral alta, han recuperado la ilusión, y son conscientes de haber comenzado gna nueva etapa.

"Matando el tiempo, el tiempo no pasa. Entonces, ahora somos eternos, inmortales" deduce Román, que llega a la entrevista con unos alborotados pelos, como uno de esos abstraídos sabios de los tebeos. "Pero pesaos, no", apostilla Miguel, el robusto cantante de helénico perfil. Han localizado su disco en el techo del mundo, pero ellos no creen haber tocado techo aún: "Lo que pretendemos es seguir haciendo cosas, y ponemos más interés a cada nuevo disco. Puede que se note que hemos ido más allá en éste" responde adelantándose Roman. "Es el disco con el que más satisfecho me siento de todos los que he grabado", proclma Joaquín, guitarrista e informático, última incorporación al grupo que completa Pedrín, el batería, un filósofo de sabiduría sufi con aspecto de corsario, que no suele intervenir en las entrevistas, aunque permanezca atento y alerta ante los supuestos peligros que a su juicio puedan encerrar algunas preguntas; una suerte de centinela del grupo.

"Hemos hecho lo que queríamos hacer", prosigue Joaquín " Este disco lo hemos producido nosotros. Hemos contado con colaboradores que conocían el grupo. Ha sido todo como muy familiar y, al propio tiempo, muy dirigido hacia lo que queríamos conseguir. En ese sentido sí hemos tocado techo, pero espero que alcanzemos techos más altos. Que se rompa el techo. Algo así como Alicia cuando saca la cabeza en la casa del conejo". Es la segunda vez que se producen ellos mismos (la primera fue en Quiero bailar agarrao). Han tenido como ingeniero de sonido a Javier Toral (que en otro tiempo también profesó la fe marañónica), y no han querido dejar fuera las experiencias que cada uno de ellos tiene:

"Hemos aprendido mucho y le hemos echado bastante tiempo a los arreglos, perdiendo el miedo" explica Román. "Muchas canciones de este disco estaban compuestas tres meses después de salir Matando el tiempo, grabadas en cuatro pistas, y algunas con los mismos arreglos. Se han barajado muchas canciones y no nos ha preocupado sonar austeros en unas canciones" afirma Miguel. "Hay una que no entró en el disco anterior (Yo quiero rock). Llegamos a grabar las bases y teníamos la espina clavada. Esta versión de ahora resulta más fresca y psicodélica. Tiene un mini-Moog que le da mucho ambiente", confiesa Joaquín.

Revelaciones místicas

"Creo que las canciones que más hemos tocado en directo son las que hemos grabado de forma más rápida (Cuando quieras regresar, A miles de años luz, Shangri-Lá, El Santo...). Han quedado reflejadas como en el directo del grupo. Luego hay canciones como El buen valle, Dentro de cada palabra o Mis mejores casetes que son las más arregladas. Hay canciones que salen y parece que son perfectas para el directo, y otras que desde un primer momento puedes currártelas mejor en el estudio y sacarles más partido" dice Miguel.

Ya cuando presentaron Matando el tiempo comentaron que habían jugado mucho con ritmos y arreglos en ese disco, pero han ido más lejos: han metido trombones, cuerdas y abundantes percusiones. Parece que esta relajación grabando por su cuenta les ha favorecido: "Hemos tenido el mismo tiempo, y sin embargo se han grabado cuatro canciones más. Siempre deseábamos meter en las canciones todos los arreglos que pedían. En Agarrao ya lo intentamos, pero estábamos muy limitados de medios y de tiempo", dice Miguel. "Ahora conocíamos a la gente que los podía hacer y resultaba más fácil. En el otro disco todo era más complicado. Si necesitabas meter un trombón o lo que fuera, había que esperar a que estuviera disponible... Y hemos jugado mucho al ¿por qué no?, atreviéndonos con todo. Además estábamos muy a gusto, y con Javier Toral..." apunta Román.

Seguramente este cúmulo de circunstancias favorables ha proporcionado una mayor coherencia al disco. ¿La tiene en realidad?. Miguel se apresura "Siempre intentamos sacar discos que tengan unidad temática, y éste la tiene. Todas las canciones tienen su lado poético y un lado de evasión. Como son Los Marañones, pero un poco más acentuado: se buscan quimeras y se ironiza sobre ellas. Esa dualidad que siempre hemos mostrado". Efectivamente, Shangri-La tiene todo lo necesario: carácter, versatilidad y una seriedad de planteamientos no reñidos con la capacidad de llegar a un público amplio. Hay hasta revelaciones místicas (El Santo). Iba Miguel camino de La Puebla cuando de repente ¡zas! Una luz cegadora como a Saulo. Quizás fuera Lennon, Hendrix o Morrison quien se le apareció: "No sé si fue Lennon o la Virgen, porque no se veía muy bien. Deslumbraba", responde humilde ante estos hechos sobrenaturales.

Tanto Miguel como Román tienen un sentido del humor que bebe del absurdo. Son como los Faemino y Cansado del rock patrio. Se puede constatar en alguna de sus respuestas. ¿Qué relación puede existir entre este último disco y los anteriores?: "De amistad. Yo tengo los discos juntos y se llevan muy bien. No se pelean", tamaña respuesta marxiana de Román inicia una cascada imparable. En este como en otros discos de Los Marañones, las melodías suenan muy Beatles, pero da la impresión de que por pudor quisiérais que no se notara demasiado (exceptuando, claro, Mis mejores casetes): Román: "Intentamos que sean iguales, pero no nos salen". Miguel: "Intentamos imitar a los Beatles, pero luego sale otra cosa... los Kinks como mucho". Joaquín: "Las influencias se tienen que manifestar pero sin necesidad de entrar en la fase homenaje o copia. No queda bien clavarlas". "Lo importante es tener una melodía original y ponerlo todo en función de esa melodía. Teniendo una idea importante no se puede copiar nunca a nada" , matiza Miguel. " La influencia de los Beatles – reconoce Román – es más lo que han enseñado en cuanto a hacer melodías, arreglos o trabajar una canción. Son una referencia muy dara en el grupo. La primera vez que nos preguntaron dijimos Beatles, luego añadimos más nombres. Mis mejores casetes no ofrece dudas. Es un claro homenaje a los Beatles", finaliza Miguel.

Abducciones en masa

Los MarañonesShangri-Lá suena también a Beatles, entre otras cosas por Ricardo Perpén, el quinto marañón, el marañón en la sombra, que abandonó el grupo nada más salir el primer disco (Experiencia negra), pero nunca les ha dejado, y en esta ocasión firma todos los temas: "Miguel y Ricardo han hecho un tándem. Fue terminar el otro disco y ya estaban haciendo nuevas canciones. Son una sociedad como Leber, Stoller, Jagger-Richards o Lennon-McCartney...", señala Román. No deja de ser curioso que dejara los escenarios para continuar con el grupo a distancia. Hace de "negro", como se diría en el argot de los guionistas: "Lo tenemos esclavizado. Atado en una habitación haciendo canciones todo el día", ironiza Miguel. "Ricardo asiste a todas las grabaciones. Siempre está a punto. En este disco no ha metido nada; bueno ha hecho todas las canciones, pero en los dos discos anteriores ha metido coros y alguna guitarra acústica. Y cuando hicimos el disco en directo volvió a subirse con nosotros al escenario...", rememora Román. "Le gusta la música, pero a lo mejor lo del escenario no le gusta tanto. En todo caso, si vive de los royalties de Los Marañones, será millonario, seguro", puntualiza Miguel.

¿La frescura se consigue con el paso del tiempo?. Este es su sexto disco y quizás el que suena más desinhibido, más optimista. Por contra, han pasado varios meses después de su grabación buscando compañía. ¿Al mal tiempo buena cara? "¿Es que llueve?. Yo creo que es una tendencia de Los Marañones desde el principio y que se está centrando cada vez más. Muchas de las letras de este disco son de Pedrito, un amigo nuestro de toda la vida que estuvo muy al principio del grupo, y mantiene un vitalismo desde esos primeros momentos en que hacía canciones con Miguel en el colegio" revela Román. "Este es un grupo del que no termina de irse nadie nunca", tercia Joaquín, citando a Campoy, Toral.y otros muchos que han pasado por la banda. "Joaquín fue abducido cuando nos prestaba un ampli para la grabación del disco en directo... Cuando se cae en las garras de Los Marañones...", sentencia Miguel.

Matando el tiempo fue un disco convincente para los seguidores del grupo, pero quizás no tanto para su compañía, que no les renovó contrato: "No creo que tuvieran ninguna expectativa. Teníamos un contrato para dos discos. Hubo cambios en la compañía y la nueva directiva se encontró con un grupo que no habían contratado ellos, pero la verdad es que se portaron bien. No éramos parte de su proyecto, pero cumplieron el contrato, e incluso el grupo les gustaba". No se desprenden resentimientos de las palabras de Miguel: "sacar el disco con Alkilo obedece a varios motivos. Hemos tocado mucho tiempo con Los Enemigos, y además Fino, que produjo lo primero que hicimos (se ha especializado en producir los primeros discos de un montón de grupos: Meteosat, Def Con Dos, Los Planetas...), me comentó un día que cuando quisiéramos sacar un disco, él editaría lo que grabáramos. Buena gente", dice con cariño Miguel.

Los Marañones no son precisamente una 'pop band', pero algunos de sus seguidores así lo desean. El ímpetu desbocado ha dejado paso a un ambiente más suave y menos opresivo que discos anteriores: "Cada vez sabemos mejor lo que queremos. Somos muchas cosas. Hay canciones en este disco que son más pop y otras no tanto. Tampoco antes sabíamos arreglar las canciones como ahora, y en realidad no creíamos que podíamos hacerlo", dice Miguel. "Una de las cosas que define al grupo es también lo que no hace. No solemos hacer música como un ejercicio de estilo. Se nos queda pequeña cualquier etiqueta. Rumbo sideral, una bossa nova que pasa por experiencia atípica, ha tenido sus precedentes en canciones como Juan Dos Momentos, Tuyo es el dolor o El ayer. Siempre hemos tenido ese tipo de canciones, pero quizás han pasado más desapercibidas o no las hemos tocado mucho en directo", reconoce Joaquín.

"Rumbo sideral de hecho es una canción que tiene tiempo. No recuerdo ahora induso si ha cambiado de letra. Hay canciones que son sencillas, como El buen valle, donde ironizamos sobre el escapismo, pero es que somos sencillos. No se nos puede criticar por hacer exactamente lo que nos gusta", explica Miguel. " No se nos puede criticar y punto" sentencia irónico Román. Para Joaquín la cosa fue así: "Hemos terminado con la compañía, qué mal. Pues justo este es el momento de hacer lo que queríamos. Esa ha sido la dirección del disco, y las canciones han quedado más optimistas".

Alfombras voladoras

Las portadas de sus discos nunca han sido convencionales, y siempre han tenido cierto gancho, por más que resultara bastante infructuoso establecer una relación entre la portada y el contenido. Así la portada de La revolución podría sugerir alguna conexión latina (Latina, Latina Turner, bromea Román). Mercedes Alberdi ha vuelto a encargarse junto a Román del diseño de esta portada, que tiene aspecto de ser para música otomana (pensando en el marketing, como siempre) y que representa el encanto de las mil y una noches, con una alfombra voladora, una chica que ellos dicen guarda parecido con la vecina de la canción, el valle... "Pretendíamos que tuviera ese rollo de flotando en una nube-evanescente-viajando en alfombra-un poco oriental. Mercedes sacó esta imagen de un grabado de las mil y uns noches y nos pareció perfecta", apunta Miguel. También han querido introducir grabaciones caseras a modo de cortinillas ('frikilandias') entre canciones, y todo esto invita a preguntarles si hay una filosofía marañónica de la vida: "¿Pero qué es filosofía?" "Queda perfectamente reflejada en los discos", responden a coro. "Pues mira, buen rollo tío". "¿Y si llamamos a Campoy, que es filósofo?". "Te podemos decir lo que no hacemos: No hacemos apología del suicidio, ni de eso del Zapata vive". Joaquín trata de poner orden: "Cuando vas en la furgoneta y todo el mundo se pelea para que quites la cinta y poner la suya, encontrar una filosofía común es difícil. Bastante es que consigas afinar las guitarras al mismo tono y cantar al mismo tiempo". "Pero no las afinamos al tono universal. No creas", puntualiza Miguel.

¿Y cómo se llevan unos tipos como ellos que han sobrevivido tantos años juntos?. ¿No hay nada oculto? "Yo no me lo explico, vamos", suelta Miguel entre risas. "La verdad es que nos vemos muy poco. De vez en cuando alguno saca una canción de una cinta que nos gusta a todos. A lo mejor lo que nos une es que somos todos amigos de Javier Toral", sugiere Román. ¿Por qué no han llegado Los Marañones tan lejos como siempre han deseado sus fans incondicionales?: "A lo mejor es porque hacemos lo que nos da la gana. Tal vez no pasamos por ciertas cosas que no queremos, o quizás el planteamiento nunca ha sido llegar muy lejos por si no sabíamos volver". Qué es lo peor y lo mejor de Los Marañones: "Lo mejor es la música que hacen, y lo peor que todavía no se han difundido lo que merecen", responde con fe Miguel. "No, lo peor es lo que decimos en la entrevistas", suelta Román ¿Arrepentido quizás?. Los Marañones siguen ejerciendo de desmitificadores y de soñadores. Una sabia dosis de sentido del humor, unos gramos de referencias dásicas y un derroche de pura vitalidad. Con esos elementos han vuelto a hacer grandes canciones.


Los Marañones